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La Santidad Según la Tradición Apostólica

San Pablo apóstol de Jesucristo, escribió 13 de los 27 documentos que componen el Nuevo Testamento y en todos ellos escribe a las iglesias, y a personas particulares, dirigiéndose no sólo como hermanos y hermanas en la fe, sino también como a santos y coherederos de la vida eterna.

 

Las versiones de la Biblia Católica Romana “Vulgata Latina”, y La Biblia de Jerusalén, dicen en Romanos 1: 7, “A todos los amados de Dios que estáis en Roma, santos por vocación, a vosotros gracia y paz.  Esa palabra santos, agiox proviene del griego koiné que significa además puro, perfecto, consagrado, apartado por o para Dios. (Véase el Diccionario Conciso Griego-Español del Nuevo Testamento publicado por las sociedades Bíblicas Unidas). Página 2.

 

Según las sagradas escrituras, santo es todo aquel, o aquello, que ha sido separado para servir a Dios. Por fe en Jesús, los cristianos son incorporados al cuerpo de Cristo, la iglesia. Por la respuesta al evangelio las personas son incorporadas para servir a Dios.

 

Todos los cristianos de todas las épocas constituyen entonces el cuerpo místico de Cristo. Desde el momento que las personas responden al evangelio son  sellados por el Espíritu Santo para vivir una vida de santidad, es decir apartados del pecado y la maldad.

 

La labor de la iglesia es hacer tangible la vida de Cristo en el mundo. Los creyentes interceden por otras personas, naciones, familias y por cualquier situación humana. Pero no podemos interceder por los muertos pues después que una persona muere no hay nada que podamos hacer para salvar su alma, o para cambiar su relación con Dios.

 

En absurdo rogar, pedir, o rezar  a una persona que ya no pertenece al mundo de los mortales, aunque haya sido declarado santo. El único que puede interceder ante Dios por el pecador sigue siendo Jesucristo. Es un acto de rebeldía contra Dios orar, o rezar, a un ser humano muerto pero declarado santo por cualquier organización humana, cuando en verdad ese oficio corresponde única y exclusivamente al Señor y salvador Jesucristo.

 

Es una interpretación falsa el concepto Católicos Romano que declara como santo a una persona que ha muerto pero que ha vivido una vida devota al ministerio cristiano. Después que un comité hace una investigación sobre su vida y milagros, al comprobarse los milagros realizados por la persona investigada, es declarada por el papa oficialmente como santa.

 

En verdad la persona no tiene que haber hecho ningún milagro, ni después de muerta ser declarada como santa. Desde el momento mismo que respondes al evangelio, la persona es separada para servir a Dios, y ese acto de separación hace a la persona automáticamente santa.

 

Es desde esa perspectiva que el catolicismo romano se aparta de la Biblia, el libro que precisamente tiene autoridad sobre cualquier dogma, o concilio de la iglesia. Aunque a partir del segundo siglo Irineo señala que la iglesia debía ser apostólica, debido a que todo lo que conocemos sobre Jesús, está basado en la doctrina enseñada por los apóstoles, la iglesia ha dejado atrás ese principio básico de la fe.

 

Además la iglesia debía ser de acuerdo a Irineo, Católica porque el mensaje de la iglesia es universal. Es decir que el mensaje y los beneficios que la iglesia ofrece al mundo deben ser ofrecidos a todo el mundo. Y como el mensaje de la Iglesia es universal, la iglesia debe ser a su vez Católica.

 

Ahora bien, como parte de la iglesia que se desprende a partir de la reforma protestante, los protestantes se apartan del catolicismo romano debido a que los dogmas de la Iglesia Católica Romana carecen de fundamento bíblico, inclinándose más bien hacia una doctrina que encaja perfectamente con las prácticas y normas impuesta por seres humanos, antes que seguir la guía apostólica que según los Católicos Romanos creer seguir.

 

La doctrina de elevar a los santos que han hecho más obra de derogación para su salvación según la creencia Católica Romana contribuye para que la gente ignorante de la Biblia le recen a los santos que han muerto para que no sólo ellos rueguen por los muertos  ante Dios, sino que esos santos traspasen a su vez, sus buenas obras;  a quienes han muerto sin haber hecho suficientes obras buenas para su salvación.

 

Pero de nuevo la Biblia dice que somos salvos por la fe, que esa fe es un don de Dios. También San Pablo dice claramente en su epístola a los Romanos que en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe, como está escrito, el justo por la fe vivirá.

 

La salvación es un regalo de Dios que se recibe por la fe en Jesucristo. Los santos después de muertos no pueden interceder ante Dios por nosotros. Tampoco pueden traspasarnos buenas obras después de muerto.  Además, el único que Dios ha colocado para interceder por el pecador delante de su trono es su hijo Jesucristo.

 

En primer lugar tenemos que reconocer que somos pecadores. Segundo que la única ofrenda por el pecado es el sacrificio de Jesucristo sobre la cruz. Y en tercer lugar que nosotros no tenemos ningún mérito para merecer la gracia salvadora de Dios.

 

El regalo gratuito de Dios hacia los humanos es Jesucristo. San Pablo nos dice por gracias soy salvos por medio de la fe y esto no proviene de ninguno de nosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe.

 

La Madre Teresa de Calcuta no necesitaba ser declarada por ninguna organización mundial, como santa, ella vivió separada del pecado, para servir al Dios vivo. Su entrega, y humildad en su servicio hacia los pobres, fue también la preferencia de Jesucristo, al escoger servir entre los más pobres y olvidados de la sociedad.

 

Si, Dios en su palabra nos declara santos, y sin mancha, no hay tribunal humano, que pueda añadir, o quitar mayor, o menor santidad que la que Dios ha otorgado por medio del evangelio eterno de nuestro Señor y salvador Jesucristo.

 

Por Rey Díaz

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