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La historia detrás de la simbólica foto de los atentados de Bruselas

Con la cara ensangrentada y casi sin ropa. Abatida y con una mirada que interroga sola. “¿Qué es todo esto?”, parece preguntarse la mujer de la chaqueta amarilla. Su imagen pasará a la historia como el rostro de los atentados de Bruselas que este martes se han cobrado la vida de más de 30 personas y han dejado cientos de heridos.

Ketevan Kardava captó ese momento. Kardava es periodista y corresponsal en Bruselas para la televisión pública de Georgia. A primera hora de este martes se encontraba en el aeropuerto de la capital belga. Ella creía que tomaría un avión para viajar hasta Ginebra para cubrir las negociaciones entre Rusia y los representantes de su país, pero dos explosiones interrumpieron sus planes. Los suyos y los de cientos de personas que se encontraban en Zaventem en ese momento.

“Todo estaba lleno de polvo y humo. Alrededor de mí había docenas de personas sin piernas, nadando en sangre”, recuerda Kardava en declaraciones a la revista Time. Así que lo primero que hizo fue mirar hacia abajo y comprobar que aún conservaba sus extremidades inferiores. “No podía creer que siguieran ahí. Por un momento me quedé en estado de shock”.

La segunda detonación la devolvió a la realidad. “Vi a gente correr por todas partes y lo único que quería era correr también para ponerme a salvo”.

Pero Kardava no contaba con su instinto profesional, con la curiosidad de todo periodista que se encuentra, aunque sea involuntariamente, en el lugar de la noticia. Sentía miedo “pero también quería hacer fotografías. Como reportera, era mi deber capturar esas imágenes y mostrarle al mundo lo que estaba sucediendo. Y yo era la única que estaba allí”.

Por eso no lo dudó y por eso hoy sabemos que los ojos aturdidos de aquella mujer de chaqueta amarilla son los ojos que deja el horror, la violencia sin causa. “Ella estaba en shock. No hablaba, no gritaba, no lloraba. Lo único que hacía era mirar a su alrededor”.

No había tiempo para detenerse. Sebastien Bellin, un jugador belga de baloncesto, estaba allí al lado, tirado casi sin poder moverse. Su imagen en el suelo fue una de las primeras en hacerse públicas y también dio la vuelta al globo.

“Ellos no podían moverse y yo era la única que podía caminar. Quería ayudarlos a todos, pero era imposible”. Los agentes de seguridad la obligaron a marcharse y la periodista comprendió que había llegado el momento de ponerse a salvo. “Los dejé y me protegí en otro lugar. Deseo que estén bien y que se recuperen de sus heridas”.

Kardava también tendrá que hacer frente a las suyas, aunque sean invisibles. En unas semanas deberá volver al aeropuerto de Zaventem. “No quiero imaginarlo. Sé que va a ser muy difícil para mí”.

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