Opinión

La eliminación del embargo contra Cuba una idea futurista

A pesar de la visita del presidente Norteamericano a Cuba, la eliminación del embargo contra la isla tendrá que depender de la aprobación del Congreso Norteamericano el cual está dominado por una mayoría republicana, quiénes no aprueban necesariamente la política exterior del gobierno de Barack Obama.

La mayoría del pueblo norteamericano considera que es hora de que pongamos fin a una política que no ha tenido buenos resultados. El presidente Barack Obama se ha percatado de esta realidad y busca utilizar otra aproximación a los problemas entre Washington y la Habana.

Pero todavía falta la parte más dura que será convencer el ala republicana que se ha mantenido firme contra el levantamiento de las sanciones hasta que cuba, según ellos, no muestre un cambio en su política de silenciar la oposición, permitir la libertad de prensa, la puesta en libertad de los presos políticos, y el derecho de ejercer el comercio libremente y garantizar la libertad de reuniones públicas, sin que por ello el gobierno tome represalias contra los disidentes políticos.

La realidad del caso es que Estados Unidos mantiene relaciones diplomáticas con otros países donde las violaciones a los derechos humanos son extremadamente peores que en la Habana como es el caso de China. Esto no justifica que no luchemos por mejoras las condiciones que afectan a los cubanos en la isla del Caribe, o los problemas de las violaciones a los derechos humanos en China.

Pero no podemos mantener un doble estándar porque una nación está cerca y la otra está a miles de millas de distancia. Tampoco porque los intereses son tan altos entre China y Estados Unidos que no podemos ver lo que sucede en China en materia de los derechos humanos.

Pero tampoco se puede justificar que no mantengamos unas relaciones con el gobierno de Cuba por la inflexibilidad de los Castros. Debemos reconocer que ninguna forma de gobierno dura para toda la vida y las relaciones entre estos dos países son de mucha relevancia para el futuro de ambas naciones. No debemos esperar más, porque las manecillas del reloj del cambio ya han empezado a recorrer su círculo de avance, con la visita de Obama a  la Isla.

Es hora de que la nación norteamericana respalde la apertura de esta nueva iniciativa entre Cuba y los Estados Unidos. No hay dudas que tendremos que resolver futuros desafíos que pueden conducirnos a fortalecer nuestras relaciones, o a un quebrantamiento de las mismas.

En todo caso necesitaremos de un personal diplomático que de continuación al fortalecimiento de este nuevo vínculo,  en donde dejemos atrás las hostilidades. No queremos pasar por ingenuos de ir a la mesa de negociaciones con una venda en los ojos, pero tampoco debemos ir a imponer criterios porque de este otro lado del mar que nos separa, también tenemos que resolver algunos problemas sobre las violaciones a los derechos humanos.

Es decir no podemos ver la paja en el ojo ajeno cuando tenemos una viga en nuestros ojos, que no hemos querido resolver nosotros aquí.  Será el próximo presidente, o presidenta de los Estados Unidos que tendrá que bregar con el Congreso para que levanten el embargo. Por supuesto que anticipamos que habrá nuevas trabas por un senado controlado por los republicanos. Si elegimos un candidato para presidente que sea republicano las negociaciones empeorarán aún más.  Está claro que si el próximo presidente es republicano las negociaciones podrían estancarse por un senado muy inclinado hacia la derecha.

Es cierto que la geopolítica del momento ofrece nuevos cambios en el panorama mundial pero a la vez las viejas tensiones pueden resurgir por el radicalismo de la derecha, o de la izquierda, en cualquiera de los dos casos.

Los valores de la nación americana son más efectivos cuando nos sometemos a nuestros propios principios democráticos y a la constitución que rige nuestra nación. En la democracia nuestros gobernantes han sido electos por el pueblo para que estos a su vez lo representen en la toma de decisiones.

El pueblo norteamericano sabe muy bien balancear ese poder, porque cuando hay un presidente del Partido Democrático electo por el pueblo, entonces los votantes eligen un congreso republicano y vice versa. Es como decirle al presidente norteamericano, te damos un voto de confianza al votar por ti, pero queremos que el senado apruebe las decisiones que tú tomes.

Además cuando el congresista no toma medidas políticas llenando las expectativas que el pueblo espera de su oficial electo, entonces, este será penado en las próximas elecciones por los votantes que rechazarán al candidato debido a su actuación política.

En verdad, aquí en Norteamérica no existe una afiliación partidista a ciegas. La mayoría de los votantes se inclinan hacia un partido en particular, o hacia el otro dependiendo de la percepción que se tenga de los candidatos de ambos partidos. Quién representa mejor los ideales del pueblo y quién representa además los intereses y el bienestar de mi familia.

Pueden darse el caso que no sea así pero no es la regla general a la hora de las elecciones. Por un lado, si eres un buen político, tendrás que trabajar con la agenda del pueblo, no puedes llevar tu propia agenda en todo momento, porque si no sirves al pueblo, fracasará en los próximos comicios.

Es decir, que los republicanos y demócratas deben trabajar juntos para diseñar un modelo aceptado por Washington y Cuba, dejando el pasado atrás, y empezando de cero en las relaciones bilaterales.

Por otro lado, advertimos que una apertura abrupta en donde los cubanos de allá tengan la libertad de viajar hacia los Estados Unidos, podría crearse un vacío en Cuba muy grande y a la vez producir crisis sociales en el territorio norteamericano.

Por qué decimos esto sobre el pueblo cubano, debemos recordar que los cubanos están ansiosos por la libertad, y tienen necesidades de superación que no han podido lograr en muchos años. Esto no es propio solo de los cubanos, en toda américa latina hay gente con hambre de superación, que buscan oportunidades para crecer y desarrollarse como ser humano.

Y una apertura como la que sucedió en los años ochenta podría producir un tsunami migratorio que afecte a muchos sectores de la sociedad norteamericana, con el mismo ímpetu que los marielitos impactaron el territorio americano en los 80.

Es necesario decir aquí que a pesar de todos los riesgos y desafíos que puedan existir en estas negociaciones, saludamos la apertura del gobierno americano hacia la Isla Cubana y esperamos lo mejor de estas relaciones para ambas naciones.

 

Por Rey Diaz

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