Educación

LA EDUCACIÓN GEOGRÁFICA PARA UN MUNDO EN CONSTANTE CAMBIO

Se pretende reflexionar acerca de cuáles son las posible aportaciones que la ciencia geográfica le ofrece a un individuo como profesional y como persona para que él, en cualquiera de las dos condiciones, sea un mejor humano y participe de la constitución de una sociedad más justa y equitativa. Para ello, el artículo trata tres aspectos importantes que en su conjunto,  y desde el punto de vista del autor, deben ser fundamentales en la educación geográfica: primero, identificar qué se puede entender por educación geográfica y cuáles son los valores que esta ciencia le pueda aportar a un ciudadano para que lo sea y viva mejor; el segundo aspecto, y que se deriva del mismo concepto de educación geográfica, hace referencia al contexto social de la formación; y por último, se hace una reflexión acerca del papel de la educación científica en la sociedad, como posible punto de referencia para que una persona en formación de geógrafo inicie la exploración de este mundo, encuentre sus propias verdades con autonomía y rigor, y cuente con aptitudes para dinamizar los cambios que se necesiten en ella.

Palabras clave: educación geográfica, contexto social, formación profesional.

The geographical teaching for a changing World (Abstract)

The author makes a discussion about the geographic values as a science and the contributions to a regular person, also to a person who is becoming in a professional geographer. That reflection is made by three ways: (1) the author thinks that it is important to make a definition about what geographic education is, but to do this is necessary to start asking what education is, and what values should be took from geography as science to give to someone. (2) Tells us about the social context as a condition to give some kind of education; that context is founded in a critical posture since the author shows us the socials problems as a product of the current economic system around the world. (3) He makes a consideration about the importance of the science focus to solve geographic problems; this topic is significant for the educative process of a professional geographer.

Key words: geographic education, social context, geographic formation.

La educación geográfica del individuo

Para acercarnos a una posible definición de Educación Geográfica nos referiremos en primer lugar a lo que se entiende por educación, para posteriormente reflexionar acerca del sentido particular que la ciencia geográfica le daría a tan amplia acción social.

De acuerdo con Flórez (1994), citado por Rodríguez (1997), se entiende por educación “el proceso social e intersujetivo mediante el cual cada sociedad asimila a sus nuevos miembros según sus reglas propias, valores, pautas, ideologías, tradiciones, prácticas, proyectos y saberes compartidos por la mayoría de la sociedad. Mas modernamente la educación no solo socializa a los individuos sino que también rescata en ellos lo más valioso, aptitudes creativas e innovadoras, los humaniza y potencia como personas”; pero también educar es “proporcionar una formación adecuada a los tiempos (…) y ser germen del perfeccionamiento personal y social” (Fernández y Sarramona, 1973, 13; citado por  Moreno y Marrón,  1996). Estos objetivos que se plantean para la educación en general hacen que nos preguntemos acerca de qué es aquello que la geografía como ciencia y disciplina, le puede aportar a un individuo para que pueda ser más humano y altamente innovador, y a una sociedad para que sea más justa y equitativa.

Para buscar una posible respuesta a la anterior pregunta partiremos de Moreno y Marrón (1996) quienes manifiestan que educar cuenta con tres aspectos estructurales altamente interdependientes. En primer lugar, es un proceso continuo y particular para cada sociedad en un tiempo determinado, por lo tanto, dicho proceso debe ser flexible para acomodarse a los contextos socioespaciales, lo que hace necesaria una permanente reflexión de la sociedad acerca de los parámetros que se requieren para que el individuo se inserte apropiadamente en ella, esto es, que cada grupo social debe continuamente preguntarse acerca de sus propios valores; en últimas, la formación debe ser contexto y buscar la creación de criterios propios en relación con el mundo en que se vive. En segundo lugar, se encuentra el individuo como tal, quien a través de sus recursos cognoscitivos (inteligencia, atención, memoria, percepción, lenguaje, entre otras) tiene cierta capacidad de asimilar una cultura propia de la sociedad en la que se desempeñará, esperando que juntos, individuo y sociedad, mejoren. Por último, la sociedad realiza un esfuerzo o inversión económica para lograr lo que desea: un individuo armonizado con ella, pero quien al haber recibido una inversión se encuentra obligado a retribuirla siendo un mejor humano. Hasta aquí se tienen el sentido y los objetivos de la educación en general, pero es necesario que se especifique en la educación geográfica, para lo cual consideraremos como fundamentales en esta discusión, el primero y segundo aspectos de Moreno y Marrón; en cuanto al tercer aspecto, es claro que todo individuo formado en una sociedad se encuentra en deuda con ella y, al respecto, es necesario hacer una amplia discusión acerca de cómo esta deuda se puede saldar, por lo que acá se tratará de manera lateral.

Dado que la geografía como ciencia permite identificar, cualificar y cuantificar las diferencias entre espacios geográficos, es capaz de aportar a cualquier persona conocimiento fundamental para la comprensión del lugar que ocupa en el mundo y para el entendimiento de las relaciones entre los seres humanos, y entre estos y su entorno. Pero si educar es formar a una persona para que se inserte en un ámbito social particular, en este caso educar geográficamente será formar un individuo capaz de comprender el lugar que ocupa en el mundo y las relaciones particulares que establece con los demás y con su entorno, ya sea local, regional y/o global. Sin embargo, es necesario hacer un llamado de atención acerca de que dicha comprensión debe dar a cada persona la capacidad, por un lado, de reflexionar acerca de sí mismo, de su sociedad y de la forma como se relacionan -tanto individuo como sociedad- con el entorno, y por otro, de autodeterminación para la búsqueda de un mejor vivir. Siguiendo a Harvey, el individuo debe comprender que lugar, espacio y ambiente están profundamente entretejidos como elementos inseparables en complejos procesos de transformación social y ambiental (Harvey, 1996). Teniendo ya una posible definición de educación geográfica es necesario adentrarse en ciertas particularidades de lo que ella debe hacer.

La educación geográfica de una persona perteneciente a una determinada sociedad puede verse a partir de dos connotaciones: una general y otra particular. La connotación general actual del individuo educado geográficamente la muestra de manera clara y precisa la Comisión de Educación Geográfica de la Unión Geográfica Internacional (UGI), en su Declaración Internacional sobre al Educación Geográfica para la Diversidad Cultural:

“la disciplina geográfica debe comprometerse a mejorar la capacidad de todos los ciudadanos para crear un mundo más justo, sostenible y con calidad de vida para todos y particularmente cada persona de todo el mundo debe tener la capacidad de defender y ser sensible hacia los derechos humanos; la capacidad de comprender, aceptar y apreciar la diversidad cultural; la capacidad de comprender, empatizar y criticar puntos de vista alternativos sobre las personas y sus condiciones sociales; buena voluntad para ser consciente del impacto de sus propios estilos de vida sobre sus contextos sociales local y general; una apreciación de la urgente necesidad de proteger nuestro medio ambiente y proporcionar justicia ambiental a las regiones y comunidades locales que han sufrido una devastación ambiental; capacidad para actuar como un miembro informado y activo tanto de su propia sociedad como de la sociedad global”.

La educación geográfica, sin importar el nivel en que se esté formando debe dar las siguientes competencias geográficas, entendidas como las capacidades de una persona para desempeñarse acertadamente en relación con el espacio, las cuales están acorde con los desafíos del siglo XXI:

  • El ser en la dimensión personal, que implica la conciencia de la propia contribución personal a la protección ambiental, considerando que saber acerca de la importancia y la finitud de los recursos naturales y de la fragilidad de los ecosistemas, propiciará la participación activa en las decisiones que sobre ellos se tomen.
  • El ser en la dimensión social, que implica la capacidad y buena voluntad de trabajar con otros ciudadanos con distintas identidades culturales en diferentes escenarios públicos para crear un terreno común. En este sentido, el individuo tolera y busca puntos en común con las demás personas, sin importar credos, género, etnias, entre otros aspectos social espacialmente diferenciadores.
  • El ser y saber hacer en la dimensión espacial, que se refiere a la necesidad de los individuos de verse como miembros de múltiples y superpuestas culturas a escala local, regional y global. La importancia del desarrollo de habilidades espaciales en los individuos en las diferentes escalas radica en que para su acertado desempeño en sociedad, el ser “siendo” en un territorio propicia la protección del mismo y el deseo de participar en las decisiones públicas o privadas que implican la gestión y administración de esa categoría espacial; esto es, siendo y haciendo en la identificación con el territorio.
  • El saber hacer se relaciona con el ubicar y ubicarse o, en otras palabras, el saber decidir en el espacio. Esta habilidad individual o colectiva, que se puede considerar de orden técnico o práctico, está determinada, según Claval (1979), por los estatutos y las jerarquías sociales, lo cual “se manifiesta concretamente por medio de la preferencia hacia tal o cual sector, puesto que la escala de los valores está pegada al suelo” (Claval, 1979:59). Por tanto, se espera que la investigación que la geografía haga acerca del espacio aporte la explicación y comprensión de los valores individuales y colectivos, para que la educación geográfica los corrija, mejore o cambie, según sean las necesidades. Bajo esta postura, se podría entender ocupaciones a veces contradictorias, por ejemplo, ubicaciones en zonas de amenaza natural o humana, e incorporar las soluciones pertinentes en procesos de educación formal e informal hoy en día bajo la responsabilidad de las ciencias sociales o naturales.

La connotación particular, es decir, en la formación de geógrafos, la podemos tomar de Kenzer (1989), quien nos explica de qué manera una persona que se ha formado como geógrafo profesional puede insertarse en la sociedad, ya sea en el sector privado o en el público, aportando de su educación elementos teóricos y herramientas para la solución de problemas socioespaciales específicos. Por la misma condición de ciencia integradora que tiene la geografía entre la dimensión biofísica y humana, un profesional de la geografía está llamado a interactuar fácilmente en trabajos interdisciplinares y tener la capacidad de trascender fácilmente a la propia disciplina. De igual manera, las organizaciones empresariales obligan al individuo a situarse dentro de grupos de trabajo y estructuras jerárquicas a las que cada persona debe adaptarse, para lo cual la geografía, por su misma esencia, ha ayudado a desarrollar valores de tolerancia y respeto en el profesional. Finalmente, un individuo debe desarrollar la habilidad para trabajar bien en grupos, delimitando perfectamente sus alcances y responsabilidades como profesional. Como se observa, este tipo de apreciaciones no solamente tienen que ver con los profesionales geógrafos sino con todo tipo de profesional.

El actual contexto espacio temporal y social de la educación geográfica

Para explicar el fundamento de un contexto espacio temporal para la educación geográfica, nos remitiremos a Agudelo (2004:37) para quien

“hoy es claro, que sin una comprensión de los conceptos estudiados y sin una relación de éstos con los contextos donde se desenvuelve la vida cotidiana de las y los estudiantes, éstos carecen de sentido y de valor; por lo tanto, no es posible que el conocimiento social (geográfico, económico, histórico…) desencadene en una acción ciudadana, pero sí en una intención retórica y totalmente despolitizada que genera conciencias ingenuas, presas de la despreocupación y la falta de compromiso con su comunidad. Acaso, ¿no será ésta la respuesta a tantas preguntas que día a día nos hacemos por la ausencia de acciones eficaces por parte de la ciudadanía ante tanta barbarie y corrupción?”

Hoy más que nunca la geografía tiene un contexto socioespacial que la sitúa ante retos verdaderamente necesarios de  intersección y, por tanto, en el ámbito de las actuales ciencias sociales, su figuración no debe pasar desapercibida: quizás como nunca antes el mundo está cambiando a gran velocidad y son  los avances tecnológicos los responsables de que día a día el planeta se encoja, hasta tal punto que hay quienes han llegado a pensar que distancias y límites han desaparecido y que por tanto, ya no se justifica que una ciencia se encargue de su estudio; pero, a mi parecer, y el de muchos otros, ocurre todo lo contrario.

Las relaciones que se establecen entre los hechos que se dan localmente y el funcionamiento global, hacen necesario que para poder tener una aproximación satisfactoria de todo fenómeno se deba poseer un pensamiento de tipo geográfico que, sin lugar a dudas, debe provenir de una educación geográfica contextualizada. En la actualidad, hechos cotidianos asociados a lugares particulares pueden ser fuertemente afectados por circunstancias políticas o económicas acaecidas en los lugares más remotos del planeta. El entendimiento de este fuerte entretejimiento de los lugares se convierte en uno de los retos más interesantes de la geografía; y estamos hablando aquí del famoso fenómeno de globalización, en el que los mejores lugares se convierten en puntos de una red altamente articulada y lo suficientemente flexible como para permitir la rápida alternancia en la jerarquía de los mismos. Por tanto, entender, por ejemplo, que los actores espaciales ya no son el territorio nacional o los países, sino las ciudades o, más específicamente, los lugares dentro de las ciudades, requiere de una formación geográfica acorde con dicha realidad.

Y siguiendo a A. Albet y P. Benejam (2000:7), en un mundo en el que “las comunicaciones y los transportes permiten a las empresas realizar una selección (ya muy precisa a escala planetaria) de los lugares donde emplazarse”, en el que  “los obreros ven cómo se cuestionan y precarizan sus puestos de trabajo y las administraciones locales y nacionales se dan cuenta de hasta qué punto sus actuaciones políticas resultan impotentes en el marco de sus territorios”, en el que se presenta una continua reconfiguración de las fronteras, ya sea a través de la conformación de bloques económicos o el desmembramiento de países, en el que la contaminación ambiental ya no es problema de un lugar específico sino que sus impactos se notan a escalas insospechadas, es necesario que exista una ciencia y una disciplina que despierte sin ningún tipo de reservas, en los individuos y la sociedad, la conciencia de que el planeta tiene límites.

La construcción del actual sistema global que se ha venido dando desde hace ya varios siglos, fundamentalmente a partir de la expansión económica y comercial, ha expuesto a las personas al intercambio de ideas y tecnologías respondiendo principalmente a la lógica del sistema económico capitalista. Este proceso globalizador plantea un reto para las ciencias del espacio, entre ellas la geografía, en cuanto al significado de lugar y el de cultura (Albet y Benejam, 2000). Al respecto Albet y Benejam (2000:8) manifiestan que “los contactos entre personas de diferentes latitudes así como las relaciones económicas, de poder y de dominación social se han ido extendiendo y afectando las tradiciones y creencias, modificando prácticas sociales, alterando ideas y valores, replanteando significados simbólicos”; y, en términos académicos, este fenómeno no es menos seductor para una persona que se está formando como geógrafo. Pero también debe ser parte importante del conocimiento que cualquier persona debe manejar hoy en día para su acertado desempeño en la sociedad global. En este sentido, por ejemplo, es importante que un individuo sepa las condiciones necesarias y muchas veces determinantes, para moverse a escala planetaria.

Basados en D. Harvey (2000), y ya en un plano más crítico acerca del sistema económico imperante como contexto actual de la educación, la globalización es un proceso que al expresarse diferencial en el tiempo y el espacio, arroja a las distintas sociedades a condiciones disímiles de intercambio cultural, económico e ideológico en términos generales, haciendo que los contextos locales sean singularizados, pero relacionados verticalmente con la escala global.   Entender que dichas singularidades tienen elementos de la cultura local, pero que se hibridan con la cultura global, facilita a una persona reconocer su lugar en el mundo.

El individuo, entonces, debe saber que su contexto responde aspectos que tienen que ver con las posibilidades de mayor o menor acumulación de capital y con la reconstrucción de espacios adaptados al proceso globalizador. En términos precisos, debe saber que la globalización se expresa en tres aspectos fundamentales en relación con el capitalismo: primero, las reducciones en los costes y el tiempo necesario para moverse en el espacio y que, lógicamente, están apoyadas por la continua innovación tecnológica; segundo, la construcción de infraestructura física susceptible de facilitar el movimiento, así como de apoyar la producción, distribución y consumo de bienes y servicios, ejerce efectos diferenciales sobre el espacio geográfico; y por último, el establecimiento de organizaciones territoriales, principalmente el Estado, que tiene la capacidad de regular a la sociedad en términos normativos, ya sean de orden coercitivo, económico o político, pero de cualquier manera con la capacidad de imponer su voluntad en correspondencia con el sistema económico capitalista.

Acontinuación se expresan las consecuencias y contradicciones en el actual proceso de globalización, que, según D. Harvey (2000), obligan a una reflexión rigurosa y continua para cada sociedad en particular:

– La reducción de los costos de transporte modificó las formas de producción y organización de la distribución y consumo, derivando en la descentralización de las mismas. La dispersión en el espacio de los procesos productivos, la división internacional del trabajo y la especialización de los lugares en ciertas tareas, es la característica principal de las empresas, aunque en algunos casos aún mantienen el cuartel principal en el país de origen que, en la mayoría de los casos, pertenece a los llamados “países desarrollados”.

– La inclusión de un gran volumen de población a la fuerza laboral asalariada, especialmente femenina, lo que da lugar a que el proletariado mundial sea ahora mucho numeroso que antes. Este fenómeno se encuentra disperso en el espacio planetario y hace mucho más difícil la organización de las reivindicaciones sociales obreras.

– Los movimientos de población en el planeta son cada vez mayores sin importar si son legales o no. Sólo Estados Unidos cuenta con una población hispana cercana a los cuarenta millones y Europa cada día recibe a miles de africanos que buscan una oportunidad para mejorar sus vidas y las de sus coterráneos. Estos movimientos de población ponen en contacto etnias, religiones y culturas creando un panorama que bien vale la pena comprender en toda su dimensión geográfica, social, económica y política. Por ejemplo, desde la perspectiva política, conviene  valorar la dificultad que esta diversidad presenta a la organización de los trabajadores en la defensa de sus derechos. Siguiendo con el tema de los movimientos poblacionales, la Organización Mundial del Turismo calcula que anualmente en el planeta se desplazan cerca de 600 millones de personas, es decir, casi uno de cada diez habitantes del planeta se moviliza dentro o fuera de las fronteras de su país de origen, fenómeno que expone a las personas a una  fuerte hibridación cultural, pero que, a su vez, se convierte en una de las mejores alternativas de desarrollo sostenible, aunque sujeta a fluctuaciones propias de ese fenómeno.

– El proceso de urbanización se ha acelerado en los últimos cincuenta años y hace que las ciudades se conviertan en ambientes de particular atención. En ellas se expresa una gran revolución ecológica, política, económica y cultural, que obliga a una mirada aguda e interdisciplinar. Hoy en día, las ciudades conforman un sistema en red cada vez más interdependiente pero claramente jerarquizado en el que cada urbe tiene una función particular; algunas de ellas se convierten en las centralidades del sistema mundo. De igual manera, en ellas se da lugar a la producción y reproducción social y económica, a la creatividad y oportunidad, a la vanguardia y supervivencia, y a la abundancia y el hacinamiento; hechos que son vividos cotidianamente, y que tienen una expresión diferenciada en el espacio, es decir, escenarios particulares percibidos de manera especial por cada persona, ante lo cual se expresa un comportamiento particular, originando lugares de identidad personal o, en otras palabras, subjetividades espaciales. La ciudad y su área de influencia en una región, adquieren formas complementarias: ella es el centro de comercialización de los productos de las zonas rurales, pero, a su vez, ella se convierte en consumidora de los bienes ambientales producidos en la región; en tal sentido, la búsqueda de un equilibrio entre ciudad y región es un reto para las sociedades modernas. En contraste con lo urbano está lo rural, expresado, por un lado, en los espacios ideales para el desarrollo de agricultura comercial acorde con el modelo capitalista, y por otro lado, en sociedades marginadas de las posibilidades urbanas.

– La continua aparición de organizaciones mundiales que desempeñan un papel fundamental en la gestión global de la economía, del ambiente y de la política, es una característica principal del actual contexto mundial. Dichas metaorganizaciones, para T. Negri y A. Hartd (2000), tienen gran  importancia en la creación del actual orden mundial, y se constituyen en mediadoras entre lo local y lo global y presionando acciones particulares en cada lugar que derivarán en un comportamiento sinérgico para que en conjunto, propendan por los intereses del sistema económico capitalista. El Estado-nación puede tener un doble papel: como facilitador de los deseos del capitalismo global perdiendo o entregando su autonomía o, por el contrario, como elemento clave en la defensa de las identidades étnicas y culturales, de las particularidades económicas y de las políticas apropiadas para cada lugar, en contraposición al constreñimiento espaciotemporal y el mercantilismo global. En este aspecto, también es necesario señalar que los Acuerdos Regionales de Integración (ARI) constituyen una expresión de la globalización económica. Dichos acuerdos son el resultado de la competitividad impuesta por el sistema económico capitalista y tratan de eliminar barreras al libre mercado; los ARI, a pesar de tener origen político, afectan las decisiones de localización de las empresas, implican costos y beneficios económicos a una sociedad; y, más importante aún, son la expresión de una nueva forma de ver la región, asociada al establecimiento de relaciones subyacentes de homogeneidad.

– La problemática ambiental que aparentemente se considera resultado de la reciente expansión del sistema capitalista, refleja el incesante desequilibrio de las sociedades modernas con la naturaleza. Este hecho ha producido un sentimiento creciente de responsabilidad acerca de que es necesario poner límites a las actuales tasas de utilización de los recursos naturales y del ambiente, las cuales, en muchos de los casos, llegan al despilfarro; por ejemplo, en países cuatro veces más poblados que los países centrales el consumo de energía es hasta treinta veces menor. También es imperioso trabajar por la disminución de las tasas de natalidad, en especial en aquellos países que tienen limitada su oferta de recursos naturales. Se considera que el actual sistema energético del planeta, basado en la quema de combustibles fósiles, es en gran medida el responsable del cambio climático global que, además de poner en riesgo el hábitat de especies vegetales y animales y la biodiversidad, también pone en peligro la existencia misma de la especie humana. Este panorama expone un reto de singular importancia a las ciencias sociales y naturales, y qué mejor que la geografía como ciencia con capacidad para integrar conocimientos de tan disímiles disciplinas (sociales, naturales, básicas, entre otras), para dar respuestas integrales a tales problemáticas. Definitivamente la cuestión ambiental global será alimentada por las acciones locales reflejando un comportamiento escalar, tanto en los problemas como en las soluciones.

– El último aspecto relacionado con la conservación y la producción de la diversidad cultural se convierte en un ámbito de reflexión e investigación permanente. El aumento de los contactos interculturales propiciados por los desarrollos tecnológicos -los medios masificadores de comunicación como la televisión e internet -, las grandes movilizaciones planetarias turísticas y el mercado que presiona al consumidor a tener hábitos homogéneos en pro de una producción más fácil, son elementos que ejercen una gran influencia homogeneizadora mundial. El progreso tecnológico, entendido como el ir hacia delante, también puede tener acciones contraproducentes en la conservación y producción de la cultura; no en vano ahora se reencaucha música, programas de televisión, modas, entre otros, que impiden reconocer los elementos propios de una cultura determinada. Ante este fenómeno de homogeneización cultural es imperioso realizar profundas, pero inmediatas reflexiones en la búsqueda de elementos singularizadores que permitan a cada grupo social identificarse, o como lo expresa con cierta crudeza Capel, “globalicémonos pronto, sin perder la identidad, antes de que nos globalicen y la perdamos del todo”.

Además de todos estos elementos es necesario añadir al contexto educativo las actuales circunstancias de guerra. Muchas y diversas son las explicaciones que se dan a este estado: unas de orden étnico-cultural y otras económicas, muy entretejidas con las condiciones políticas particulares de cada territorio. Desde mi punto vista muchos de los argumentos importantes tienen que ven con la imposibilidad que el actual sistema económico ha tenido para distribuir la riqueza, en especial los conflictos que se viven en países como Colombia. Es allí precisamente donde la educación geográfica está llamada a tomar del conocimiento, producto de la ciencias sociales, los argumentos adecuados para ayudar a clarificarle a la sociedad cuáles son las causas de los conflictos que impiden la paz en el planeta, quiénes y qué son los responsables y cómo debe corregirse su génesis, para que, de esta manera, su papel en la emancipación social sea significativo.

Se espera, por tanto, que el modelo educativo propuesto por un Estado responda a la dinámica del planeta e intervenga activamente en la corrección de sus resultados anacrónicos. En este sentido, es necesario que las personas entiendan que gran multitud de fenómenos alrededor del planeta, que inclusive hoy en día los tocan a ellos, son el resultado de decisiones y hechos acaecidos quizás hace varios siglos y en los lugares menos pensados. Asimismo, el modelo educativo debe aportar herramientas para que las personas se reconozcan dentro de tantas diversidades muchas veces superpuestas, pero que también se entrecruzan.

El actual contexto teórico y conceptual

Incorporar un contexto teórico y conceptual como elemento significativo en la educación geográfica tiene que ver, otra vez, más con la formación del profesional geógrafo. Así, los intereses propios de una sociedad en relación con lo que una persona debe aprender y conocer para su adecuada inserción en ella, giran en torno a lo técnico, lo práctico y lo auto – reflexivo. Siguiendo las consideraciones filosóficas de Habermas, citadas por Unwin (1992), acerca de los intereses del conocimiento, se establecen tres tipos de ciencia, cada una con intereses cognoscitivos, con medios sociales y medios de expresión propios; así, se encuentran las ciencias empírico-analíticas con interés cognoscitivo técnico, el trabajo como medio social y la producción material como medio de expresión; las ciencias histórico-hermenéuticas, cuyo interés cognoscitivo es lo práctico o cotidiano, el medio social es el lenguaje y el medio de expresión, la comunicación; y por último, las ciencias críticas, que tienen un interés cognoscitivo emancipatorio, el poder como medio social y las relaciones de dominio y opresión como medio de expresión. Es tarea del geógrafo en formación comprender las relaciones entre ciencia y sociedad, y las reflexiones presentadas por Habermas le brindan un panorama para que él, a partir de sus propios criterios y valores, siga el camino que más le convenza y convenga hacia la elaboración de una forma propia de pensar el mundo; esto es, debe poseer competencia para articular sus intereses con los de su sociedad.

El siglo XX presentó, quizás, una de las etapas más dinámicas del pensamiento humano y en tal marco las ciencias, en general, y particularmente la geografía, experimentaron cambios importantes a lo largo de él, especialmente a partir de la década de 1950 (Capel, 1998). Así por ejemplo, hoy en día, y como afirma Delgado (2003), la posmodernidad reivindica al espacio y al lugar: “el hecho de que pensadores postestructuralistas y postmodernistas reclamen y resalten la importancia del espacio y del lugar; y la necesidad de hacerlos visibles para poder comprender la sociedad contemporánea, hace que la geografía mire con simpatía las críticas a los metarrelatos modernistas” (Delgado, 2003:130). Lo importante ahí es que esta reivindicación debe darse no solamente desde la perspectiva subjetiva en la que se identifican subculturas y marginalidades, como se intenta hacer con los métodos fenomenológicos, sino también en la perspectiva materialista en la cual se reconoce el espacio como determinante de las dialécticas sociales.

De acuerdo con E. W. Soja, mencionado por O. Delgado (2003), a la geografía de la postmodernidad le corresponde ser crítica y sintonizar con los desafíos políticos y teóricos contemporáneos, condición que debe ser aportada en los procesos de formación de los estudiantes como futuros geógrafos y como individuos producto de una sociedad.

Según Delgado (2003), las geografías postmodernistas incluyen varias corrientes dentro de las que destaca a la geografía cultural, la geografía del género y la geografía crítica del desarrollo y del Tercer Mundo. En la geografía cultural ahora se realzan las fuerzas sociales que construyen los paisajes y no simplemente la fisonomía del mismo, como antes; al incorporar la perspectiva de género, se reconoce que la espacialidad de la mujer es diferente a la del hombre y que ella siempre, hasta en los discursos teóricos, ha estado marginada; el desarrollo como un metarrelato occidental se opone a la diversidad de contextos históricos y geográficos los cuales son evidencia de las relaciones de subyugación que existieron y aún subsisten en el mundo a través de nuevas estructuras imperialistas (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, entre otros), orientándose más hacia la economía política. Adicionalmente, a estas corrientes, A. Albet y P. Benejam (2000), señalan la geografía regional como un ámbito renovado conceptualmente: ya no se estudia la delimitación de la región o su singularidad y unicidad como tal, sino que ahora es necesario evidenciar los aspectos generales y globales que inciden localmente en ella.

Pero, como afirma Capel, “los paradigmas están presentes a un mismo tiempo. En estos momentos podemos ser conscientes de las posibilidades y problemas que ofrece tanto la aproximación neopositivista, que pone énfasis en la unidad de la ciencia y del método científico, las leyes generales, la predicción o la formalización, como la historicista, que pone énfasis en la diferencia entre ciencias naturales y sociales, en la libertad, la complejidad, la singularidad, la historicidad. Por eso hoy podemos desarrollar tanto una geografía en la línea de la geografía cuantitativa, como en la de la historicista”.

Siguiendo a Delgado (2003), las ideas del posmodernismo han sido tomadas como soporte teórico para intentar reorientar la geografía como ciencia reflexiva y de carácter local, pero como afirma Capel, es posible que subsistan marcos teóricos contrapuestos al mismo tiempo, a veces por necesidad práctica o por pertinencia, pero que, de una u otra manera, deben dar acertadas soluciones a los intereses particulares del individuo y de la sociedad.

Conclusión

La experiencia docente del autor lo lleva a pensar que la educación geográfica cuenta con dos aportaciones importantes e imprescindibles para las sociedades contemporáneas: por un lado, tiene la responsabilidad de transmitir los valores que la geografía como ciencia le puede aportar a cualquier persona para que se acerque más al ideal de ciudadano que una sociedad justa podría proponerse; y, por otro lado, la formación profesional geográfica que, fundamentada en las ciencias sociales y naturales y bajo diversas perspectivas filosóficas, reivindica la subjetividad espacial de las personas y desarrolla el pensamiento reflexivo y crítico bajo un contexto determinado, a partir de lo cual un geógrafo profesional puede contar con la capacidad para desempeñarse con principios de justicia, equidad y tolerancia que se deben expresar en su tarea diaria.

La educación geográfica en el contexto actual debe ser crítica y otorgar al individuo elementos que le den claridad acerca de las cualidades y defectos que tiene la sociedad en la se encuentra y del papel que debe jugar en la misma como profesional y como individuo. Como dice Unwin (1992: 285), “se trata de dar a los estudiantes una oportunidad de descubrir sus propias verdades y sus propias maneras de cambiar las condiciones sociales y económicas vigentes. Se trata de hacer de la educación una experiencia fascinante y capacitadora, más que una tarea penosa que debe realizarse con unos principios formulados desde el exterior”.

La educación geográfica debe despertar en el estudiante universitario de geografía su curiosidad por las diferencias y distribuciones espaciales a tal punto que él, como un caminante solitario, parta en la exploración de su comprensión y explicación para que, posteriormente, en la búsqueda de una transformación social, pueda mostrar al resto de la sociedad que el mundo es diverso y con límites. En este sentido, la experiencia personal del autor lo conduce a recomendar que una acertada propuesta para el proceso docente educativo de la geografía profesional es la enseñanza basada en el problema, con la que se motiva a los estudiantes a mirar la espacialidad de los fenómenos cotidianos a su alrededor, buscar su explicación o comprensión bajo la luz del método científico, y desarrollar competencias relacionadas con el saber, saber ser y saber hacer, propias de la geografía.

Desde luego, para que un estudiante de geografía descubra sus propias verdades será necesario que cuente con un marco teórico y herramientas metodológicas sólidamente construidas, para que así, al seguir el método geográfico propuesto por Sauer (1987) de observación, ordenación por reflexión y reinspección, y posterior comparación y síntesis, dé como resultado un conocimiento riguroso y auténtico de su realidad social, a partir del cual se generen propuestas emancipatorias, que es el mayor compromiso actual de las ciencias humanas, en particular, y de las ciencias en general.

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Copyright: Biblio 3W, 2005.
Ficha bibliográfica

BUITRAGO BERMÚDEZ, O. La educación geográfica para un mundo en constante cambio. Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona, vol. X, nº 561, 25 de enero de 2005. <http://www.ub.es/geocrit/b3w-561.htm>

Oscar Buitrago Bermúdez.
Profesor del Departamento de Geografía.
Facultad de Humanidades.
Universidad del Valle. Cali – Colombia.

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