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Ira racial en EEUU: el poder de la muerte en directo

Los testigos de las muertes a manos de la policía recurren al poder de las redes sociales para tener pruebas de los abusos de las fuerzas del orden

El vídeo difundido por Diamond Reynolds, la prometida de Philando Castile, se convirtió en viral a los pocos minutos de empezar a emitirse en vivo en Facebook. De ahí saltó a otras redes y al final, millones de personas han visto a esta mujer sentada al lado de Castile, que sangraba tras recibir varios disparos, hablando al policía que había apretado el gatillo.

En el asiento trasero, vivía esta escena la hija de cuatro años de Reynolds, que tranquilizaba a su madre diciéndole que estaba bien. Sin dar crédito a lo ocurrido, la joven mantuvo la cámara encendida durante diez minutos; una forma de tener pruebas de lo que allí ocurría. “Por favor, agente, no me diga que le ha hecho esto. Le ha disparado cuatro tiros. Estaba sacando su licencia [de conducir] y su permiso [de armas], señor”, se oye decir a Reynolds en un momento.

Según la versión que más tarde repitió Reynolds, su prometido llevaba los permisos en el bolsillo del pantalón y había advertido al agente que llevaba un arma consigo. Fue en ese instante cuando el agente abrió fuego.

Nadie sabe que pasó hasta el momento en que encendió la cámara, pero el poder de esas imágenes ha acelerado la toma de decisiones sobre el tiroteo. El agente está apartado de servicio, con un permiso administrativo pagado, según informó departamento policía de St. Paul (Minnesota). El gobernador del Estado Mark Dayton pidió al cabo de unas horas que las autoridades federales se hagan cargo de la investigación.

En los últimos dos años, desde que se difundió el vídeo sobre la detención de Eric Garner en Staten Island, que mostraba a varios agentes intentando reducir a un hombre de gran tamaño y que murió estrangulado, el valor de los vídeos ha ganado protagonismo en los altercados con la policía.

En muchas ciudades han empezado a suministrarse cámaras corporales para los agentes, pero no siempre están conectadas cuando suceden estos trágicos incidentes. Y en ocasiones tampoco se hacen públicos los vídeos por temor a la reacción de la opinión pública con el argumento de que la investigación está abierta.

Hasta ayer, las grabaciones de los transeúntes eran las más valiosas porque se hacían públicas ‘sin filtros’. Así ocurrió con el primer vídeo difundido sobre los últimos minutos de Alton Sterling cuando forcejeaba con la policía de Baton Rouge (Louisiana) pasada la medianoche del lunes; el segundo, desde otro ángulo, tardó un día más en salir a la luz.

También porque sirven para contrastar la versión de los agentes en sus informes policiales. En el caso del tiroteo contra Walter Scott en abril de 2015, el agente Michael Slager aducía haber disparado porque temía por su vida -supuestamente le había arrebatado su pistola eléctrica-. Las imágenes grabadas por un espectador dejaban en evidencia esa narración de los hechos. Scott corría en dirección contraria cuando descerrajó múltiples disparos. Slager ha sido acusado de asesinato.

La familia de Castile ha agradecido que Reynolds grabara ese vídeo porque, entre otras cosas, se ve lo que pasó después de los disparos. Al principio no intentaron reanimar al joven.

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