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Europa debe endurecer las leyes de tráfico de armamento

EL DEBATE sobre el uso y tráfico de armamento es recurrente y visible en Estados Unidos. Sin embargo, esta discusión es mucho más silenciosa en Europa a pesar de que por las fronteras de los Veintiocho circulan libremente armas que pueden ser letales. La laxitud de la normativa comunitaria fue la que permitió a los terroristas que atentaron en París contra el supermercado judío Hyper Cacher en enero de 2015 hacerse con dos fusiles de asalto, dos pistolas, un Kalashnikov y un subfusil en terreno europeo.

EL MUNDO, en colaboración con una decena de medios europeos, ha seguido el rastro de ese armamento con el que los terroristas quitaron la vida a cuatro rehenes y ha podido comprobar lo sencillo que fue para los asesinos hacerse con un arma de fogueo y reactivarla después para matar indiscriminadamente a víctimas inocentes. Se trata del primer reportaje publicado por este diario y la red de Colaboraciones en proyectos de Investigación en Europa (EIC, por sus siglas en inglés). Un consorcio que ha nacido con el objetivo de adaptarse a las necesidades del periodismo de investigación del siglo XXI, ya que las nuevas estructuras globales de poder hacen que la colaboración entre periodistas de distintas nacionalidades sea imprescindible para seguir los pasos de mafias o tramas delictivas como la que se esconde tras el tráfico armamentístico europeo.

Según han podido comprobar nuestros reporteros, hacerse con un arma es una tarea sorprendentemente sencilla para cualquier yihadista. En los países del Este de Europa hay en venta una ingente cantidad de antiguas armas desactivadas. Se trata de fusiles, subfusiles o pistolas que son comercializadas como viejas armas de fogueo pero que pueden ser restauradas en cuestión de entre dos y cinco horas por un especialista con conocimientos medios. Algunas están en desuso desde la II Guerra Mundial pero tras unos arreglos, apretar su gatillo puede volver a ser letal.

En concreto, las que fueron utilizadas en el citado atentado de la capital francesa salieron de una tienda situada en una pequeña localidad eslovaca. El comprador sólo necesitó un documento de identidad para acreditar su mayoría de edad e incluso pudo encargar el armamento a través de internet y recibirlo en su domicilio como si se tratara de la compra de unas zapatillas.

La legislación eslovaca sobre venta de armamento inutilizado es desde el pasado verano más estricta que hace un año, pues ahora ciñe la compra a profesionales y compañías especialistas. Pero para una mafia no es difícil conseguir documentación falsa para saltarse la normativa.

Con esa accesibilidad a la mercancía, no debe sorprender que ese comercio, llamado AFG Security, haya vendido unas 14.000 armas, según la policía de Berlín. Lo que no es de recibo es que conociendo estos datos y tras los terribles atentados que han sufrido ciudades europeas como Madrid, París o Londres la Unión Europea no haya endurecido su legislación para evitar que mafias y terroristas puedan acceder a este antiguo arsenal en desuso que puede ser reactivado para matar.

Pese a que los discretos intentos por legislar el transporte de armas en la Europa de la libre circulación de mercancías comenzaron en los años 90, el Europarlamento todavía no ha sido capaz de imponer una directiva que armonice de una vez por todas las leyes nacionales sobre armamento. Por ejemplo, para que un arma desactivada sea legal en España tiene que estar sometida a un control más riguroso que en países como Eslovaquia. Y transportar un arma legal de un país a otro en Europa no exige controles adicionales a los de otros productos, salvo contar con una licencia de tenencia de armas.

Los avances legislativos de Europa en este terreno son extremadamente lentos y urge abrir este debate para que la normativa dé respuesta a la amenaza que representa este mercado negro de armamento para los ciudadanos.

La Unión Europea no puede seguir sin armonizar su legislación sobre inutilización de armamento. También debe endurecer los controles sobre envíos postales para evitar que un criminal se haga con un arma a través de internet. Y la policía debe seguir trabajando en colaboración para evitar que la apertura de las fronteras sirva de escudo al transporte de armamento ilegal.

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