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Entre la locura y el frenesí

El delirio es propio de los humanos. Delirar es soñar despierto sobre los deseos y remansos del corazón. Es pensar en forma fantasiosa sobre lo que se quiere, y en ese momento no se puede lograr. La locura, es sin embargo, un estado mental por la descomposición, o falta de sustancias químicas en el cerebro humano.

 

Hay distintos niveles de locura, muchas de las cuales se pueden controlar con medicamentos, y algunas podrían ser curadas con una terapia apropiada. La mente humana se debate entre el ser y el no ser. Entre la existencia, y la no existencia en un universo complejo, donde no encontramos soluciones inmediatas a las preguntas esenciales de la vida; ante un laberinto de ideas, conceptos filosóficos, religiosos, todos de orígenes antropomórficos.

 

Por su parte, el frenesí lo describe la Real Academia Española en su Vigésima segunda Edición, como delirio furioso, es la violenta exaltación y perturbación del ánimo. Por lo general, todos los humanos tenemos nuestros momentos donde la razón es anulada por un frenesí que raya más allá de lo normal.

 

De repente, hombres y mujeres normales, pacíficos y ciudadanos ejemplares, de buenas a primera, se convierten en animales irracionales al dejar que la violencia y exaltación de ego, descontrole su ánimo y haga explosiva las ideas irracionales de su frenesí.

 

Y es que los instintos humanos pueden descontrolarse por una pasión, por un deseo que asalta el estado anímico del ser, y lo transforma en lo que no es. Un animal irracional donde la lógica y la razón se apartan para no pisar tierra firme hasta que se ha cometido lo impredecible.

 

En tiempos del maestro más excelente que haya pisado la tierra, Jesucristo, no se tenía claro el conocimiento sobre la función del cerebro como hoy en día conocemos para procesar las ideas que tienden a modelar la conducta del ser humano. En ese tiempo el asiento de las ideas era el corazón.

 

Y Jesucristo decía, que de la abundancia del corazón habla la boca. Si tenemos un corazón sucio hablamos entonces de cosas sucias, practicamos el engaño, planificamos hacer cosas malas. Nadie que tenga un corazón sucio puede hacer cosas buenas, ni decir cosas buenas.

 

Claro está, que hoy sabemos más que eso, y aunque decimos: “Te amo con todo mi corazón”, o siento un odio profundo en mi corazón”, sabemos que nos estamos refiriendo a la mente. La mente es el asiento de las ideas. Y cuando desarrollamos una forma de pensar, mostramos una conducta similar a esa forma de pensamiento.

 

El remedio para limpiar la mente de todo aquello que deseamos hacer, o no hacer debido al daño que eso puede causar, esa planificación, si es malo lo que pensamos; nos hace un daño profundo a nuestra existencia. En cambio, la fe en Jesucristo ofrece una nueva vida, un nuevo comienzo. A través de la fe, recibimos el perdón de pecados, y somos reconciliados con Dios. La mente que no se somete al plan de Dios vive en rebeldía.

 

Por eso, la Biblia habla de los que viven conforme a los deseos engañosos del corazón. Estos no pueden agradar a Dios. El orgullo es rebeldía contra al plan de Dios. Al contrario, Dios favorece al humilde que confiesa sus faltas y se aparta del pecado. Los que viven conforme a los deseos de la carne no pueden sujetarse a la ley de Dios, ni tampoco pueden agradar a Dios.

 

 

En los Estados Unidos el 50 por ciento de las enfermedades tratadas en los hospitales son trastornos nerviosos, que se tornan en maniático depresivo, lo que se conoce como bipolar, paranoia, depresión, y otras enfermedades que deben ser controladas a base de medicamentos farmacéuticos, o drogas como le llaman en los Estados Unidos.

 

El remedio del desequilibrio mental y emocional que vive el hombre y la mujer de hoy, no se cura con terapias de aproximación humanistas, ni con medicamentos. El origen de estas enfermedades está en la rebeldía que el hombre y la mujer siente contra Dios. Solo una sicoterapia espiritual puede dar el giro a las locuras que vivimos hoy como consecuencia de nuestra enemistad contra Dios.

 

La Biblia dice en Romanos 5:1 Justificados pues por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor y salvador Jesucristo. La rebeldía contra Dios no nos deja vivir en paz con Dios, ni con el prójimo, ni mucho menos con nosotros mismos. Cuando reconocemos que Dios nos ama y nos acepta, entonces pedimos perdón y nos reconciliamos con él por medio de su Hijo Jesucristo.

 

La violencia que vivimos en el mundo de hoy, las locuras y actos viles que suceden a diario son el resultado de no tener una paz interna que nos permita usar la razón. Y tratamos de realizar cosas buenas, pero no logramos hacer lo bueno, sino lo malo.

 

Por eso mismo vivimos en guerra contra los padres, contra las madres que nos parió, y contra todos los seres alrededor nuestro. No tenemos en quien confiar, y aunque acusamos a la religión, y a los hombres y mujeres de fe, lo cierto es que no somos mejores que ninguno de ellos.

 

La Biblia dice que por cuanto todos pecaron están destituidos de la gloria de Dios. ¿Te creemos mejor que nadie? Pero la Biblia dice no hay justo ni aun uno, no hay quien busque a Dios, no hay quien haga lo bueno, ni si quiera uno. Todos nos hemos desviado del camino, y nos hemos hecho inútiles.

 

Para eso Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores. Cuando confesamos nuestros pecados, la Biblia dice que Jesucristo es fiel y justo para perdonarnos de todo pecado y limpiarnos de toda maldad.

 

La fe en Jesucristo es la única que puede reorientar tu vida, y la de tu familia, amigos y vecinos. Jesucristo te amó tanto, que murió en la cruz para pagar el precio por tus pecados y por los míos. Al sufrir en la cruz, Jesucristo tomó todas nuestras dolencias, enfermedades, físicas y psíquicas y las clavó en la cruz. Por sus llagas nosotros fuimos curados del pecado y de la muerte eterna.

 

Jesucristo  es el único que puede perdonarte y colocar en ti una nueva razón de ser, un nuevo corazón, limpio y renovado, por su sangre derramada en la cruz. Hoy tú puedes empezar una nueva relación con Dios. Por medio de su Santo Espíritu, Dios te crea y te recrea para que vivas en paz con él.

 

Por Rey Díaz

 

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