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En la capital del mundo Nueva York viven los presos de Rikers Island en un infierno Dantesco ante los ojos vendados de la justicia

A pesar de las constantes denuncias en los medios de comunicación sobre las violaciones a los derechos humanos en la cárcel de Rikers Island, ésta se ha convertido para muchos de los presos en la antesala del infierno.
Las constantes violaciones a la integridad física y moral de los presos en esta cárcel de la ciudad de Nueva York son muy parecidas a la cárcel en Guantánamo, Cuba que hace de este recinto un lugar que cualquier sociedad civilizada debe repudiar enérgicamente.
Aprendimos desde niño un refrán muy claro que reza “El que calla otorga”. Callar ante la injusticia que viven los presos en Rikers Island es participar de la maldad que allí se vive a diario.
Esdras Jones dice en una de sus obras que “El sistema está diseñado para obtener los resultados que produce, si queremos cambiar los resultados, debemos cambiar el sistema.” Nosotros creamos que las autoridades deben remover todo el personal y traer uno nuevo con mejor entrenamiento y disciplinado para lidiar con los encarcelados en esa prisión.
Los presos en Rikers Island son seres humanos con dignidad a pesar del crimen que hayan cometido cada uno de ellos. En nuestra sociedad tratar a cualquier preso con grado extremo de violencia brutal no hace a ningún oficial –de esa o cualquier otra cárcel– menos salvaje que los criminales recluidos en ese centro penitenciario.
Lo que sucede en Rikers Island es comparable con las violaciones a los derechos humanos en países del tercer mundo en donde los derechos humanos son violados por regímenes totalitarios. Sin embargo, somos capaces de criticar las violaciones en otros países pero nos olvidamos de las violaciones en nuestro propio territorio.
Si, criticamos a Cuba, Venezuela, Siria, Irán, y China, por las violaciones a los derechos humanos que acontecen en esos países pero callamos ante las violaciones a los derechos humanos en este país, no somos después de todo, muy distintos a esos otros países. Es decir nos interesamos más en sacar la paja en el ojo ajeno pero somos incapaces de sacar la viga en nuestro propio ojo.
Mantener el silencio sobre lo que sucede en Rikers Island nos hace a todos culpables de los abusos que allí se permiten. Esta cárcel esta plegada de violaciones que van desde sustraer el dinero que reciben los presos de sus familiares para comprar mejor comida, no llevar a los presos ante un juez conforme a las leyes, golpear abusivamente a los presos sin que estos resistan las ofensas y no llevar a estos al médico cuando estos necesitan cuidado inmediato por la gravedad del asunto.
El otro crimen que se comete en esta cárcel es colocar al preso en solitaria sin causa justificada, sin agua ni comida. Otras veces llevan los presos para ser presentados en la cortes, lo dejan dentro de un vehículo sin que el vehículo este caliente en pleno invierno, además de la poca ropa con las que hacen vestir a los presos.
Dicen llevar al preso para tener audiencia con el juez pero nunca los presentan para ser juzgado por delito alguno. Varios de estos presos después de cumplir la condena, si es que salen vivos, necesitan con urgencia extensiva ayuda sicoterapeuta.
Hasta cuándo mantendremos el silencio y la pasividad permitiendo tantos atropellos a los derechos humanos y sin hacer ningún reparo a algo tan bochornoso.
Es cierto que esos presos pierden algunos de sus derechos al ser encarcelado por los delitos que se le imputan, pero no pierden todos sus derechos constitucionales ni mucho menos el derecho a la vida. Las leyes vigentes de este país no permiten las violaciones a los derechos humanos.
Además, por qué somos tan críticos hacia las violaciones a los derechos humanos en otros países pero callamos ante las constantes violaciones en nuestro propio territorio. Acabemos de una vez por todas con esta hipocresía al criticar a otros países por las violaciones a los derechos humanos cuando aquí hacemos lo mismo.
Tratar indignamente, con violencia excesiva a otros seres humanos, herirlos, y dejarlos con traumas y contusiones que necesitan con urgencia un médico no fomenta la democracia aunque creamos ser dueña de la misma.
Por Rey Díaz

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