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En Defensa de la fe Cristiana

Los cristianos del primer siglo se abrieron paso entre la cultura helenística. La cultura griega fue fomentada a partir de Alejandro el Grande, o Alejandro Magno, 333 Antes de Cristo. Él había conquistado Persia, babilonia, Egipto y la gran parte de la India, en su campaña guerrera en busca de dominar el mundo, impuso el idioma griego en los territorios conquistados en Europa, Asia y la India. Murió a los 33 años de edad.
A este le siguió el impero Romano pero la influencia de la cultura griega en los tiempos de Jesús, había hecho su entrada en la cultura Hebrea, y romana, pero el hebreo temeroso de Dios reconocía la influencia cultural griega; tomaba entonces lo bueno de aquella cultura y rechazaba los aspectos pecaminosos de ella.
El Apóstol San Pablo, vino al evangelio, con la influencia cultural greco-romano y la tradición hebrea, pues dominaba el idioma griego clásico, el hebreo, arameo, probablemente el español, el latín y el italiano, entre otros idiomas. Los romanos habían construido carreteras entre una nación y otra para ellos poderse desplazar con su ejército de un país a otro.
Estos caminos sirvieron de enlace para que los cristianos pudieran desplazarse y llevar el evangelio por todo el mundo. Pablo escribiendo a los Gálatas 4:4-5 (RVR); dice: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”.
Pablo tenía un conocimiento basto sobre la cultura semítica y sobre el hebreo, a tal punto que se convirtió en uno de los líderes de la secta de los fariseos. Ellos vivían apegados al texto de la ley, dominaban la Torah a punto cabal, a tal extremo que Jesús dijo de los fariseos, “hagan todo lo que le dicen que deben hacer, pero no hagan como ellos hacen porque dicen pero no hacen.” Es decir que sus enseñanzas eran correctas pero su práctica era incorrecta porque enseñaban la verdad pero ellos mismos no cumplían lo que enseñaban. Pablo tenía una mente muy amplia y privilegiada y podía tomarse la libertad de decir, “leerlo todo y retener lo bueno.”
Pablo era hebreo de hebreo, es decir, hijo de un hebreo, circuncidado al octavo día, de la tribu de Benjamín, nacido en la ciudad de Tarso; por tanto era ciudadano romano de nacimiento, pero de origen judío, y en su celo religioso se convirtió en perseguidor de la Iglesia Cristiana. Como fariseo Pablo se sometía a la observancia de la ley en su forma más estricta, pero en su celo por Dios, desconocía la parte más importante; la revelación divina, la que viene por la fe en Jesucristo.
Es decir, interpretaba ciertos aspectos de las Escrituras literalmente y se sometía a ella, por eso demostraba un gran celo por su fe y de ahí que su celo lo llevó a perseguir a la iglesia pensando que le servía a Dios cuando hostigaba a los cristianos y les sometía a ellos a torturas, cárcel y muerte.
Cuando Jesús se le apareció a Pablo en damasco, mientras este sostenía en sus manos la autorización para perseguir a los cristianos, la alteración que Jesús impregnó en Pablo fue tan grande, que él no podía reconciliar en seguida su antigua creencia, con la revelación que Jesús había hecho de sí mismo en
Pablo. Pablo entra en un proceso de reflexión y valorización entre su antigua fe y la nueva revelación del evangelio. Cuando Ananías, comisionado por Jesús, lo recibe en su casa, ora por él, y luego lo bautiza; Pablo dura tres días sin comer ni beber nada, luego al tercer día es bautizado y surge la figura de Pablo.
Pero eso no es todo, Pablo se retira a Arabia por catorce años y durante esos catorce años, el Señor Jesucristo se le aparece en reiteradas ocasiones para enseñarle su plan maestro. De ahí que Pablo aventaja a todos los demás discípulos, y apóstoles del Señor, porque no parte su enseñanza de su relación con Jesucristo antes de la crucifixión, sino que su enseñanza parte de su resurrección. Si alguien conoció a Jesucristo en la carne, ya no lo debe conocer así.
En otras palabras no es suficiente. Quienes están en el Cristo resucitado, las cosas viejas pasaron, no tienen ningún valor, sino lo que cuenta es la nueva creación: “La nueva criatura”. En Pablo la nueva creación, ya ha tomado lugar, en el ser humano. Y es a partir de esta nueva creación que debemos interpretar la obra de Dios en el mundo.
Es una antropología que parte de la fe, que crea la nueva imagen afectada por el pecado, pero vivificada en el espíritu de Dios. Esta nueva revelación, que Pablo describe como un misterio oculto pero que ahora ha sido revelado a los Santos Apóstoles por el Espíritu Santo; que judíos y gentiles, son parte del mismo cuerpo de Cristo, la Iglesia, por la fe en Jesucristo.
Entonces, San Pablo se convirtió en el intérprete de Jesucristo. Para entender el evangelio y a Jesucristo, tenemos que ir a Pablo. No hay ninguna otra persona autorizada, ni comisionada por Jesús en la Biblia, ni fuera de la Biblia para exponer la fe tan clara y diáfana como el Apóstol San Pablo. Cualquiera que desee desacreditar a Pablo como el Intérprete de Jesús, no se le puede creer. San Pablo escribió 13 de los 27 documentos que contiene el Nuevo Testamento. Es decir casi la mitad del Nuevo Testamento fue escrito por San Pablo.
Oremos, Señor Jesús venimos hoy a ti para reclamar esa nueva criatura que Cristo crea en nosotros. Ten compasión de nosotros cuando no vivimos de acuerdo a esa nueva creación. Ten compasión de aquellos que persiguen a los cristianos, y revélale tu amor así como lo hiciste en Pablo. En Jesucristo oramos Amen.

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