Opinión

El verdadero sentido de la Navidad

Se siente alegría en el ambiente. Una algarabía por doquier.

Sin embargo, no todos profundizan en la grandeza de este tiempo. Se quedan en superficialidades, fiestas, comelonas y regalos.

Hay otros que si la saben celebrar, porque lo hacen desde dentro, de lo mas profundo de su corazón, que es del Amor mismo. Me refiero desde la gratitud de un alma que percibe la inmensidad del amor de Dios que quiso encarnarse para estar mas cerca del hombre. Y es que la Navidad es la gran fiesta que nos trae al Emmanuelle: Dios con nosotros.

El misterio de la Encarnación. Todo un Dios infinito, encarnado en un frágil bebé destinado a salvar a toda la Humanidad.

Fijémonos en su Nacimiento. La humildad derramada por doquier, para aniquilar nuestra soberbia, la que nos separa de Dios.

Nació en una cueva rodeada de animales, primeros seres en acogerle, por supuesto luego de María y José.

Paz, serenidad y ambiente de acogida a todos.

Pobre, pequeño y limitado, todo un Dios inmensurable y poderoso se acerca al hombre, haciéndose uno con él.

Dinamiza la humanidad, la santifica y bendice y le ofrece un ejemplo a seguir desde su tierna infancia.

Espera. Siempre espera. Llegan a Él quienes le buscan, los que somos llamados (todos y cada uno); la Estrella brilla para todos, nos indica el camino, no nos deja perder. Basta seguirle, y a medida que nos acercamos el augurio del encuentro se intensifica con la luz que va creciendo, que nos deja ver más claro, que nos impulsa a avanzar la marcha hacia Él.

Ya con Él, con su mirada, con su ternura, todo es más fácil, todo cobra sentido, todo es todo, con Él.

Que en estas Navidades Jesús el Emmanuel les colme con su amor y puedan disfrutar en familia la alegría de saberse amados por El y llamados a vivir una vida plena en el Espíritu Santo.

Por LEONOR ASILIS

LA AUTORA es mercadóloga y comunicadora. Reside en Santo Domingo.

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