Meditación

El pecado inperdonable

Marcos 3:28-29 “De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean: Pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.”

Los escribas eran personas dedicados a la transcripción del texto hebreo. Eran copistas de la palabra y por lo tanto tenían una reputación de conocer las Escrituras del Antiguo Testamento. En cierta ocasión ellos acusaron a Jesús de echar fuera los demonios en nombre del Beelzebú, príncipe de los demonios, equivalente a Satanás.

Atribuir a Jesús echar fuera los demonios en nombre de Beelzebú es equivalente a blasfemar contra el Señor. Una blasfemia es una mentira contra el Espíritu Santo, Jesús, o Dios. Es negar el poder libertador de Jesús y atribuírselo a Satanás. Es además negar lo que Dios ha afirmado a cerca de la Santísima Trinidad, para contradecir a Dios. Dios no puede ser verdad y mentira a la vez, si así fuera pierde la esencia de su propia naturaleza y de lo que Dios representa.

Dios está interesado en ofrecer gratuitamente el perdón de pecado a aquel que se arrepiente de su maldad. El pecador que se arrepiente de su maldad, confiesa a Dios, y se somete a la guía de su palabra y de su Espíritu, obtiene el perdón de sus pecados y obtiene la salvación eterna de su alma.

El ministerio de Jesús, similar al ministerio de quien Dios llama a su servicio, está lleno de conflicto, y adversidades, porque las tinieblas y la luz no pueden permanecer juntas. Los escribas buscaban desacreditar el ministerio de Jesús entre sus compatriotas. No podían aceptar que la gente siguiera a Jesús y reconocieran él, que provenía de Dios.

Así que lo acusaron de echar fuera los demonios por el príncipe, Beelzebú. No sucede esto con frecuencia que cuando alguien no puede competir limpiamente en el plano ideológico de las ideas, acusando a su contrincante, para desacreditarlo  con falsa información.

Entonces Jesús dice que toda blasfemia, o pecado será perdonado, pero no la blasfemia contra el Espíritu Santo. Ese pecado no tiene perdón ni en el presente, ni tendrá perdón en el futuro. Quien blasfeme contra el Espíritu Santo es reo del juicio eterno.

A veces hay personas que creen haber cometido este pecado. Casi todos los humanos hemos cometido ese pecado. Al negar la palabra de Dios, como falsa, el atribuir a Satanás cosas que provienen de Dios, y el no aceptar lo que Dios nos ha revelado a través de su Hijo Jesucristo, se convierte en una blasfemia digna de una condena eterna.

La buena noticia es que ese pecado, como cualquier otro, puede ser perdonado, cuando nos arrepentimos de nuestra arrogancia, y le pedimos al hijo de Dios que cubra nuestros pecados con su poderosa sangre vertida en la cruz. La Sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado.

Cuando las personas creen que han cometido un pecado imperdonable, viven estresadas, y a veces buscan acabar con sus vidas. No sienten paz, ni alegría dentro de sí. Sin embargo, el mantenerse en rebeldía contra el plan de Dios, es lo que califica este pecado como imperdonable.

Dos casos en la Biblia que podemos señalar: El primero fue el de Judas Iscariote. Este vendió a Jesús por 30 monedas de plata. Después de haber reconocido su error, se arrepintió, pero no confió en el poder redentor de Jesús. Judas fue y se quitó la vida, cosa que solo Dios tiene el derecho y la autoridad de hacer.

El segundo caso es el de Saulo de Tarso, mejor conocido como el Apóstol San Pablo. Su celo religioso lo llevo a perseguir los primeros cristianos. Este celo por su fe Judía, lo convirtió un asesino quien participo en la muerte del primer mártir de la fe Cristiana, Esteban. Sometía a los Cristianos a torturas, los metía en la cárcel, lo forzaba blasfemar el nombre de Jesús, y los perseguía por doquier.

Pero Cristo, tuvo compasión de él. Mientras Saulo de Tarso, nombre hebreo, respiraba amenazas contra los cristianos, e iba a Damasco con orden expresa de perseguirlos, Jesucristo se le apareció en el camino y su vida fue transformada a partir de ese momento.

Jesús no solo lo perdonó, sino que lo comisionó para dar a conocer el evangelio de la gracia de Dios a judíos y a gentiles. La diferencia entre Judas y Pablo, nombre traducido al griego, fue que Pablo se arrepintió y fue útil a la obra de Dios. Judas en cambio fue y se quitó la vida, y este acto, lo coloca fuera del plan de Dios.

La gracia inmerecida de Dios se ofrece a todos por igual desde la cruz para recibir el perdón de nuestros pecados, solo debemos acogernos a ese inmenso amor que Dios tiene para con todos sus hijos e hijas. Bendiciones.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Botón volver arriba