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El Estado Islámico intenta arruinar el negocio turístico turco

Justo cuando Turquía soñaba con el pronto retorno a sus playas de decenas de miles de turistas rusos, el terrorismo yihadista la despertó de sopetón. El asalto armado de tres suicidas contra el aeropuerto internacional estambulita de Atatürk el martes noche pasado, quienes mataron a 41 personas, 10 de ellas extranjeras -más tres con doble nacionalidad, ningún europeo ni latino- y el resto turcos, ha aguado el incipiente recalentamiento de las relaciones bilaterales turco rusas. De nuevo, por cuarta vez este año, el turismo en la mirilla.

Jason, un chaval británico que el miércoles por la mañana se abatía sobre la maltrecha pared de la terminal atacada, tratando de mantenerse despierto, no daba crédito. “Nada más bajar del avión nos contaron lo sucedido. Era surrealista”, recuerda. “Al saber que había muertos, entré en pánico”. Temores similares confesaban tres turistas más con los que EL MUNDO contactó, todos testigos de un ataque que las informaciones concluyen que fue coordinado, para provocar el máximo número de víctimas. Hay 130 heridos.

Tomando detalles de la investigación de la Fiscalía, el periódico turco ‘Hürriyet’ relató: primero, uno de los atacantes abrió fuego sobre el control de rayos x de entrada a la zona de llegadas, penetró y se detonó tras ser herido y aplacado por un policía. Acto seguido, aprovechando el caos, un segundo suicida apostado frente a la salida de la terminal disparó contra quienes huían del interior y se inmoló. Poco después, en la zona de salidas, un tercer ‘kamikaze’ estalló. Se emplearon fusiles tipo ‘Kalashnikov’ y pistolas marca Glock.

Los investigadores hallaron dos granadas de mano en el lugar del ataque. El taxista en cuyo vehículo llegaron los tres atacantes fue interrogado y puesto en libertad. Hoy se han registrado dos domicilios en relación al asalto. Los forenses concluyeron que algunos de los atacantes podrían ser extranjeros, y algunas informaciones apuntaron a terroristas chechenos. Aunque el auto denominadoEstado Islámico (IS en siglas inglesas), no reivindicó el atentado, el gobierno ve su sombra en él.

Esta organización yihadista jamás ha reivindicado atentados contra civiles turcos o turistas en Turquía, no así hizo con los cuatro activistas sirios ejecutados en el sur del país. A pesar de ello, la Policía relaciona al IS con tres de los últimos cuatro ataques terroristas sufridos en Estambul este 2016. Treinta extranjeros y 31 turcos han perecido en estas matanzas, ocurridas en la plaza de Sultanahmet el 12 de enero y en la calle Istiklal el 19 de marzo.

El golpe a la terminal internacional del aeropuerto de Atatürk busca “dañar la economía turca golpeando el aeropuerto con vistas a los meses de verano, cuando el turismo sube”, opina Ege Seckin, analista de la empresa de análisis estratégico IHS Country Risk. De forma similar opinó para CNN Soner Çagaptay, director del programa de investigación en Turquía del Washington Institute: “Este ataque perjudicará la economía turística turca […] retando seriamente la idea de que Turquía es un país de visita seguro”.

El sector turístico, cuyas ganancias supusieron el 5% del PIB turco en 2015, está ensus horas más bajas desde 1990. La cifra de turistas ha caído un 23% en los primeros cinco meses de este año, según las estadísticas gubernamentales. Los expertos atribuyen el descenso a dos factores principalmente: la cadena de atentados terroristas que sufre Turquía desde el verano pasado – además del IS, militantes kurdos también han amenazado a los turistas – y las consecuencias del derribo, hace siete meses, del caza ruso ‘Su24’.

Rusia le importa a Ankara porque le proporciona el segundo mayor flujo de turistas. La ruptura con Moscú se evidenció cuando los rusos ordenaron cancelar todos los paquetes turísticos a suelo turco. Las llegadas rusas cayeron hasta poco más de 41.000 el mayo pasado, un 92% menos comparado con el mayo previo. Los empresarios se echaban las manos a la cabeza previniendo pérdidas de casi 14.000 millones de euros. Pero este lunes, sorpresivamente, Turquía se reconcilió con Rusia e Israel, con quien había roto en 2010.

Tras el perdón del lunes del presidente turco Recep Tayyip Erdogan a las familias del piloto muerto al abatir el avión, Vladimir Putin transmitió sus condolencias y condena del ataque del aeropuerto, en una llamada telefónica con su homólogo turco. Según la Presidencia, durante una conversación “positiva y productiva”, ambos líderes enfatizaron la necesidad de recuperar los lazos perdidos y de combatir al terrorismo. Pero el atentado de este martes demuestra que Turquía tiene una asignatura pendiente en casa, si quiere ganarse al turista.

“La semiautónoma y no jerárquica naturaleza de las células del Estado Islámico en Turquía dificulta la prevención de sus ataques por parte de las fuerzas de seguridad”, subraya Ege Seckin. Es en línea de esta disposición, se cree, que el ISno reivindique sus atentados, ya que a la par sirve para generar tensiones en la sociedad. Especialmente entre los kurdos e izquierdistas opositores al gobierno islamista turco, víctimas de la mayoría de ataques de 2015, incluido el mayor de la historia turca, con 109 muertos.

Es por eso que una pátina de desconfianza volvió a cubrir la reacción del Ejecutivo y de las fuerzas de seguridad a ojos de sus críticos, para quienes no bastan las redadas de los últimos meses contra células del IS. El motivo de tanta sospecha fue una información que publicó el canal CNN Türk. El medio aseguró que hacía aproximadamente 20 días un informe de la Inteligencia turca advertía de la posibilidad de un atentado terrorista, entre otros lugares, en el aeropuerto de Atatürk.

Quienes denuncian que, hace un año, yihadistas rezaban en plegarias colectivas justo a las afueras de Estambul, hoy siguen acusando al gobernante AKP de haber actuado durante años con condescendencia con los grupos islamistas nacidos al calor de la guerra de Siria. El IS también es, en parte, hijo de este magma. El mismo IS, en sus boletines de propaganda, se vanagloria de contar con unidades operativas encubiertas dentro de Turquía, tradicional puerta de entrada a su ‘califato’ en Siria e Irak.

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