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El colista saca los colores al Real Madrid

  • LUCAS SÁEZ-BRAVO

  • Vidal entra a canasta ante la defensa de Thompkins. S. SenandeACB PHOTO

Sólo los misterios del deporte pueden explicar semejante desconexión. El flamante Real Madrid que el jueves vapuleó al Barcelona en el Clásico de Euroliga cayó estrepitosamente tres días después en la visita al recién ascendido, al colista. Hay que rascar en el arcano de la era Laso para encontrar un bajonazo como el que se llevó en Lugo ante el meritorio Café Candelas Breogán. [84-71: Narración y estadística]

Había que frotarse los ojos. Ya comenzado el último acto, el equipo gallego mandaba por 26 ante el campeón de Europa (73-47). Un marcador de escándalo que no sólo podía explicarse por la nefasta tarde que hasta ese momento acumulaban los blancos desde el perímetro (1 de 15), ni siquiera en las bajas (no viajaron Anthony Randolph, Ayón, Rudy Fernández ni Campazzo, también por la doble jornada de Euroliga que se viene). Mucho tenía que ver la actitud, la pasividad de los visitantes y el colmillo local. No hay que restar ni un ápice de mérito a la gesta del Breogán, de vuelta a la ACB, que no vencía al Real Madrid desde 2003.

El descaro de Lofberg, de Salva Arco o de Alec Brown. La veteranía de Sergi Vidal. El trabajo en la pintura de Jerome Jordan y el ritmo frenético y agresivo marcado a sus pupilos por Natxo Lezcano. Todo para un milagro que saca del descenso a los gallegos, una victoria tan difícil siquiera de soñar. Y tan trabajada y coral. Porque el Madrid, a pesar de la losa que tenía encima, no se iba a rendir.


  • Si falló 15 de sus 16 primeros triples, empezó a enchufar a la desesperada. Anotó seis de los nueve siguientes. Primero un parcial de 0-9 les arrimó (73-56), aunque Brown paró la sangría. No llegó a perder los nervios el Breogán, aunque le siguieran lloviendo triples ahora. El tiempo estaba de su parte. Una canasta de Cvetkovic, otro de los mejores, hizo realidad la machada.

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