Política

Dirigente político Guido Gómez Mazara advierte al presidente Abinader que la popularidad de un gobierno no puede estar a merced de comunicadores sin credibilidad ni respeto a la sociedad

Santo Domingo. – El dirigente político Guido Gómez Mazara, advirtió al gobierno que dirige el presidente Luis Abinader, que la reputación oficial no puede ser rehén por una red de comunicadores sin crédito ni respeto en la sociedad.

“La reputación oficial no puede ser rehén del tinglado mediático orquestado por una red de comunicadores sin crédito ni respeto en la sociedad. Incurrir en pactos, entendimientos y posturas cómplices daña la aspiración del cambio. Si bien es cierto, el beneficiario político del pasado proceso electoral no ganó el poder por las armas ni mediante un método revolucionario, ahora es tiempo de rupturas. De verdad, y sin dobleces”, señala Mazara en su último artículo.


Gestión, redes y eficiencia

Por Guido Gómez Mazara

Sin prevenirlo, la trampa esencial de la comunicación política anda sometida al cerco de un escenario construido desde el poder de las redes sociales.

Todo se articula vía la fuerza y capacidad de penetración que nos somete al dilema de permitir que las formas prevalezcan frente al fondo, impidiendo que el contenido derrote la superficialidad y el reinado de lo insuficiente.

Es al maestro Jean Paul Sartre que se le imputa el argumento de que la trascendencia, toma de consciencia y despertar crítico, están asociados a la lectura y entendimiento de la realidad social.

Por eso, la verdad “estructurada” a golpes de una herramienta moderna genera la sensación de que la única certeza es la promovida en las avenidas de la comunicación del siglo 21: el mundo de lo virtual.

Cuando una nación no exhibe el clásico rumbo ideológico, sus gobernantes y clase partidaria apelan a los códigos que pautan la coyuntura. Por eso, unas altísimas cuotas de ciudadanos andan confundidos respecto de los parámetros de la gestión eficiente y políticas públicas satisfactorias como resultado de la errónea concepción de que lo “promovido” es asimilado pura y simplemente por la sociedad.

Una suerte de robotización, amparada en todo un circuito de propaladores de la “verdad” oficial que, con el paso del tiempo, será validado en la medida que se corresponda el mensaje con la realidad.

No nos hablemos mentiras, inducir la opinión representa el acto de prostitución por excelencia en la época de la posverdad.

Cada acción política propensa a validar los excesos anduvo seducida por la idea del argumento/justificación: la invasión de Irak, el peligro comunista en plena guerra fría, las jornadas de purificación étnica en Bosnia, el capitolio en Washington tomado por supremacistas blancos.

Aquí, somos diestros aplatanándolo todo y la genialidad criolla encontró una de las aberrantes modalidades en la relación de la comunicación con el poder porque permitió al arrabal elevarse a categoría de opinión, dándole financiamiento al club de granujas que por años se instalaron en los medios en el interés de darle estatus de divinidad al variopinto de funcionarios creídos de que, lo que se decían en su favor, se convertía por arte de magia en realidad.

Los resultados electorales del 5 de julio deben interpretarse más allá de los votos, esencialmente ante un extraño afán de volver por la senda de prácticas en el terreno de la comunicación chatarra derrotada por la sociedad, pero con enorme capacidad de seducir nuevos actores que no terminan de asimilar la lectura ética del proceso político.

Perdieron, y habilitarles sus manías se torna riesgoso, ya que el lugar por excelencia para devolverlos a su zona de confort es revivir sus sinecuras escondidas en designaciones en consejos bancarios y eléctricos, compañías de supervisión hospitalaria, y la montaña de familiares colocados en el servicio exterior.

Resistan, aunque el costo inmediato encuentre como blanco por excelencia una exponente del ambiente televisivo en fuego cruzado de ataques y campañitas que evocan la canción de Ratones Paranoicos y el genio de Juan Sebastián Guitiérrez (JUANSE): yo quiero mi pedazo/ porque no me lo das/ si yo ya puse plata/ y el pedazo no está/.

Un grave problema en la relación gestión, eficiencia y redes, consiste en la locura desenfrenada de los funcionarios que, empeñados en promoverse como excelsos gestores, se lanzan en una carrera personal mal creyendo que se traduce en resultados reputacionales favorables.

Y un desempeño efectivo debe estar pautado por el espíritu de conjunto y no por agendas individuales que tanto corroen el interés general del desempeño gubernamental.

Pueden insistir en esa lógica, pero las verdaderas transformaciones se expresan en la sociedad porque la acción política se impone sobre lo que se comunica, y dejarse seducir por lo “otro” es subirse en las ruedas del carro del espectáculo.

La reputación oficial no puede ser rehén del tinglado mediático orquestado por una red de comunicadores sin crédito ni respeto en la sociedad. Incurrir en pactos, entendimientos y posturas cómplices daña la aspiración del cambio.

Si bien es cierto, el beneficiario político del pasado proceso electoral no ganó el poder por las armas ni mediante un método revolucionario, ahora es tiempo de rupturas. ¡De verdad, y sin dobleces!

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