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Daniel Ortega, el eterno candidato

La convención nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, celebrada en la capital de Nicaragua el fin de semana pasado, ungió por séptima vez al exguerrillero Daniel Ortega como candidato presidencial, en esta ocasión para las elecciones generales de noviembre.

En su discurso de aceptación de la candidatura, Ortega —que busca su tercer mandato consecutivo en Nicaragua— volvió a tronar contra “el imperialismo yanqui” y sus intentos de “desestabilizar” a los Gobiernos de izquierda en América Latina. Estas viejas muletillas fueron acompañadas en esta ocasión con duras críticas a la Unión Europea a la Organización de Estados Americanos y a Naciones Unidas.

El mandatario nicaragüense, con verbo incendiario, tildó de “sinvergüenzas” a los embajadores de esos organismos y aseguró que no permitirá la observación electoral nacional e internacional en los comicios. Este hecho resta aún más legitimidad a un proceso ya de por sí viciado, según los analistas y políticos de la oposición consultados por EL PAÍS. “Aquí se acabó la observación, que vayan a observar cómo ponen orden en sus propios países”, dijo Ortega, quien también calificó a los embajadores de “emperadores” que “quieren tener el derecho a decir lo que quieran”. El mandatario nicaragüense dejó un mensaje especial para un exdiplomático español, del que no quiso mencionar directamente el nombre. “Venía un embajador del imperio español y en su embajada reunía a las fuerzas de la derecha para que se unieran y derrotaran al Frente Sandinista”, acusó Ortega.

El Centro Carter, una organización estadounidense que desde 1990 ha participado como observadora en los procesos electorales en Nicaragua, lamentó la decisión de Ortega y criticó las ofensas del presidente, que calificó de “ataque a la comunidad internacional”. El mandatario nicaragüense “rechazó la oportunidad de confirmar la adhesión del país a las normas democráticas para los procesos electorales, que proporcionan garantías a los ciudadanos y fomentan la participación”, afirmó el organismo en un comunicado.

Venía un embajador del imperio español y en su embajada reunía a las fuerzas de la derecha para que se unieran y derrotaran al Frente Sandinista.

Daniel Ortega

La Delegación de la Unión Europea en Managua fue más tibia en su reacción y en un escueto pronunciamiento enviado al diario conservador La Prensa manifestó que “respeta la decisión del Gobierno”. La misión de observación electoral de la UE que participó en los comicios de 2011, en los que Ortega logró la reelección, aseguró que los resultados de aquellas elecciones fueron “opacos y no verificables” y puso en entredicho el triunfo electoral.

Desde la oposición también reaccionaron al discurso de Ortega. Violeta Granera, recién elegida candidata a la vicepresidencia por la Coalición Nacional por la Democracia, subrayó que su partido no entrará “en una farsa electoral”. “Tiene que haber cambios. Ortega no está escuchando ni a su gente y que haya hablado así es insólito. Es un acto de soberbia”. Granera remarcó que Ortega tendrá que desdecirse: “No es el dueño de este país; está en un atolladero y está actuando con el hígado”.

Único aspirante

Los opositores tienen frente a ellos un trabajo titánico. No sólo deben garantizar el respeto al voto en un país donde desde el control de las mesas electorales hasta el sistema de procesamiento de datos está bajo el mando de funcionarios leales a Ortega, sino que tienen que fortalecer su movimiento de unidad opositora y convencer al electorado de que son una alternativa viable al Gobierno, principalmente entre aquellos sectores más populares que se han beneficiado con las políticas populistas del Frente Sandinista. “Se va a mantener el apoyo a los sectores más pobres, pero no con fines clientelares”, añadió Granera en alusión a las medidas que tomarían los opositores en caso de alcanzar el poder, algo prácticamente imposible a tenor de las últimas decisiones judiciales.

La capacidad de control de Ortega volvió a reflejarse el miércoles en la Corte Suprema de Justicia del país. La mayor instancia judicial de Nicaragua dio un duro golpe a la oposición al invalidar la candidatura de Granera y de su compañero de fórmula, el diputado Luis Callejas. Esta controvertida decisión deja a Ortega como candidato único (y perpetuo) del país centroamericano.

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