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Cuando la humillación se hace viral

Un comentario tonto, una ironía mal interpretada, un chiste a destiempo, una declaración sacada de contexto, un error, una falta de ortografía, una salida de tono, hasta una observación inocente sobre el tema más pueril. Todo usuario de redes sociales con cierto nivel de actividad sabe que “cualquier cosa que diga puede ser utilizada en su contra”. Sólo que, a diferencia de las películas americanas, no será ante un tribunal (que a veces también), sino ante una suerte de jurado popular compuesto por otros usuarios de la Red, que no se caracteriza precisamente por su benevolencia.

Es lo que en inglés se conoce como shitstorm (literalmente ‘tormenta de mierda’), aunque la Fundéu recomienda utilizar el término “linchamiento digital”, que define como “un aluvión de críticas, a menudo insultantes o con intención de humillar, que se desencadena a raíz de la publicación de algún comentario en medios o redes sociales”. Un linchamiento en el que los conocidos como haters (‘odiadores’) y troles representan un papel principal, buena parte de las veces escudados en el anonimato del teclado.

Los casos se cuentan por centenares y afectan especialmente a personas conocidas, pero no sólo. Es emblemático el de David Bisbal y su comentario lamentando el poco tránsito que se veía en las pirámides de Egipto a causa de las revueltas de 2011; incluso dio lugar -si algo no falla en Twitter es el sarcasmo- al hashtag#turismobisbal. Las reflexiones de Sergio Ramos, Beatriz Talegón o Toni Cantó sobre diversos temas de actualidad les han convertido en una especie de ‘sparring’ de la Red.

Los chistes de mal gusto de Nacho Vigalondo y Guillermo Zapata tuvieron consecuencias profesionales. El enfado de Cayetana Álvarez de Toledo en la Cabalgata de Reyes y su respuesta -tanto a favor como en contra- se convirtió en un fenómeno viral que incluso ocupó titulares, editoriales y tribunas en la prensa tradicional. Más recientemente, el linchamiento a Dani Rovira, de tal dimensión que el actor ha llegado a afirmar que no le ha merecido la pena presentar la gala de los Goya. Y esto sólo en terreno nacional.

Incluso el Papa se ha pronunciado al respecto, al constatar que las redes sociales se están utilizando para el “linchamiento moral” del que es “distinto”. “El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral”, decía hace unas semanas.
Lo que viene después

Unos linchamientos que, más allá de la crisis de reputación puntual, y de colapsar el teléfono con cientos de menciones, insultos y hasta amenazas, tienen consecuencias graves. Un caso extremo fue el de la consultora de comunicación estadounidense Justine Sacco. Una broma racista la convirtió en tendencia mundial y en blanco de todo tipo de insultos, la llevó a protagonizar titulares y le costó el empleo. Apenas tenía seguidores, pero su comentario sobre las altas probabilidades de contraer el sida en Sudáfrica se hizo viral. Insultos, montajes, amenazas… Atacar a Sacco parecía casi una obligación moral. Su fulminante despido fue aplaudido en las redes.

Hoy, sufre insomnio, llora amargamente recordando aquéllo y se lamenta cada día porque siente que ha perdido su identidad. Dice que no puede ni tener una cita. Se lo confesó al periodista británico Jon Ronson, quien recopila, desde un punto de vista humano, la historia de Sacco y de otras tantas víctimas en el libro ‘Humillacion en las redes’. Su publicación convirtió al propio Ronson en objeto de “una caza de brujas” -como él mismo la calificó- en las redes sociales.

La pérdida de identidad de la que habla Sacco es una de los consecuencias psicológicas que provocan estos linchamientos. Sus efectos tienen mucho en común con las secuelas que dejan otros tipos de acoso como el ‘bullying’. “La autoestima y el autoconcepto de la víctima quedan totalmente mermados y destrozados, entre otros, ya que la víctima siente que su dignidad le ha sido arrebatada y la percepción que los otros tienen de ella es profundamente negativa”, explica Pilar Vecina, psicóloga experta en Psicopatología Infantojuvenil y coautora de ‘Bullying, Ciberbullying, Sexting…¿Cómo actuar ante una situación de acoso?’.

Es el caso de S., una joven que, más de un año y medio después de ser víctima de una linchamiento, accede a conversar con EL MUNDO preservando el anonimato, porque cada vez que habla de ello, el tema se reactiva y vuelve a recibir insultos. En su caso, una polémica observación de apenas 130 caracteres se hizo viral “porque la compartió un ex amigo con muchos seguidores y ganas de tocar las narices”.

Durante semanas fue blanco de todo tipo de comentarios, insultos, descalificaciones, montajes fotográficos con su rostro y suplantaciones de identidad por parte de usuarios a los que no conocía de nada. “Hubo gente que consiguió mi teléfono y me mandaba cosas por WhatsApp, en varios foros había hilos enormes en torno a mí”, relata. El escarnio traspasó fronteras. Meses después llegó a Latinoamérica y resucitó. Aún hoy, hay momentos en los que aflora, cual Lázaro.

Cuenta S. que al principio contestaba a quienes la atacaban. “La inexperiencia”, se excusa. “Escribes porque quieres que los demás te entiendan, pero luego vi que no valía de nada”. “Es terrible porque en ese momento tu vida, tu persona y tu personalidad se reduce a esas palabras. Todo se juzga en base a una palabra o grupo de palabras”. “Es como el bullying, salvando las distancias. Te puede hacer gracia como observador, pero como víctima es terrible”.

“Lo mejor es parar durante un tiempo e ignorarlo, porque no está bajo tu control”, aconseja Guillermo Foucé, profesor de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. “Como la víctima se enganche en responder a los mensajes, puede empeorar las cosas y cometer errores importantes (por ejemplo, insultar), y las repercusiones serán aún peores. Debe entender que quien le está insultando puede ser la misma persona con distintas identidades”. Insiste en la importancia de ser consciente de que, una vez en la red, las palabras ya no pertenecen a quien las pronunció. “Es como cuando escribes una noticia o un libro, una vez publicado, es de los lectores. Es algo que trabajamos mucho con los adolescentes cuando cuelgan fotos: si lo publicas, ya no es íntimo. Pierdes el control sobre ello”.

Desde que sucedió “eso”, S., muy activa en Internet, ha abandonado varias redes sociales. “Al principio quería seguir escribiendo, no quería ocultarme, pero poco a poco perdí el interés. Una vez que la gente se ceba contigo, te autocensuras, de algún modo te acobardas. No me siento arrepentida de lo que dije, ni le doy la razón a los troles, pero no quiero volver a pasar por el coste de aquello”.

Al contrario que S., Irene Villa no se ha planteado cerrar ninguna de sus cuentas. A ella el ‘caso Zapata’ la convirtió en doble víctima. Primero, de los chistes de humor negro que publicó el concejal de Ahora Madrid y que han llegado hasta la Audiencia Nacional. Después, de aquéllos que no entendieron que una víctima de ETA quitara importancia a la actuación de Zapata, un gesto que interpretaron como una “invitación” al insulto. Llegaron a decirle que estaba “encantada con sus muñones”.

“Afortunadamente hace tiempo que dejó de afectarme cualquier tipo de crítica, chiste o mofa. Creo que cuando tienes asumido y aceptado en lo más profundo de tu interior tu situación y tu cuerpo, no hay nada que pueda hacerte sufrir o sentirte vulnerable, y mucho menos un chiste”, explica Irene Villa a EL MUNDO. No piensa irse de las redes, “y mucho menos por esta gente que tiene tiempo para reírse de los demás o exaltar la violencia o mofarse del dolor del otro. Sencillamente no leo sus tuits, pero tampoco soy de las personas que bloquea a quien ofende. No me molestan las palabras desagradables, porque creo que no hace daño el que quiere, sino el que puede. Y ellos no solamente no pueden, sino que se retratan en sus propios mensajes”.

Pero, ¿cómo y por qué se desencadena una tormenta de estas características? “Los efectos de bola de nieve en las redes sociales tienen que ver con la naturaleza del tema, la visibilidad del protagonista y la intervención de prescriptores y comunidades”, explica José Luis Orihuela, profesor de Comunicación de la Universidad de Navarra y autor de Los medios después de Internet.

Señala, además, que el anonimato “revestido de identidades de fantasía, sumado a la distancia virtual entre el victimario y la víctima, refuerza la sensación de impunidad que creen tener los agresores en las redes. Hay mucha frustración y odio que se está canalizando a través de plataformas que, inicialmente, fueron concebidas para la conversación, no para los linchamientos virtuales”.

Un anonimato que es clave en este tipo de humillaciones, si bien no es algo exclusivo de los entornos online. “Todos sabemos que muchas de las barbaridades que puede cometer una banda de radicales tienen su origen en ese anonimato que permite actuar en grupo”, explica Eva Herrero, profesora de Periodismo de la Universidad Carlos III e investigadora de las dinámicas en redes sociales. “En el entorno online muchos de estos comportamientos son reforzados por otros individuos que retroalimentan críticas o insultos hacia un usuario determinado dentro de una red social y terminan generando ese linchamiento virtual”.

“El poder de viralización que tienen las redes sociales es lo que lleva a que en ocasiones un comentario se convierta en objeto de linchamiento por parte de otros, es incontrolable el público al que puede llegar tu contenido en Internet. La exposición pública y continuada de información en cualquiera de estos canales es susceptible de ser comentada, alabada, criticada y, por desgracia, en muchas ocasiones puede convertirse en objeto de insultos gratuitos sin ningún tipo de justificación”, añade.
‘Troles’ profesionales

Fouce habla incluso de “troles profesionales”. Grupos de personas “que se pasan todo el día en Facebook o Twitter, y que constantemente juegan a eso”. En ocasiones, afirma, incluso viven de ello. Es el caso de “personas contratadas por otras que quieren generar tendencia, crear una historia viral o perseguir a un determinado personaje. De hecho, los que están más profesionalizados manejan varios perfiles para retransmitir el objetivo que buscan”.

“Los troles son personas que tienden a publicar mensajes con la intención de provocar opiniones controvertidas, difamando a una persona determinada, con el objetivo final de suscitar una respuesta negativa, que cree conflicto”, explica Pilar Vecina. Buscan con sus comentarios que otros usuarios participen y vaya elevándose el tono de las respuestas. Señala un “contagio social”, además de una “desinhibición virtual” favorecida por el anonimato. “Podríamos compararlo con el comportamiento humano cuando estamos esperando a cruzar un paso de peatones. De repente una persona cruza, a pesar de estar en verde para los vehículos y, en muchas ocasiones, los demás tendemos a seguirle, incluso sin mirar si realmente vienen coches o no, es decir, no pensamos en la consecuencias sino que “nos dejamos llevar”.

¿Por qué tal deshumanización de la víctima y los acosadores? Para Vecina, ésta está relacionada con la ausencia de claves socioemocionales. “Cuando una persona está detrás de la pantalla del ordenador o del móvil, la consciencia acerca del daño que se está haciendo es menor, ya que no ve a la persona gritar, quejarse o llorar, tal y como la veríamos si llevamos a cabo determinadas acciones de hostigamiento en un medio físico, cara a cara”.

Actualmente, explica Twitter España, ante un comportamiento abusivo el usuario puede silenciar, bloquear y reportar. La suspensión de una cuenta por comportamiento abusivo puede ser temporal o definitiva. Existe una vía intermedia, una especie de “periodo de enfriamiento”, que se utiliza en ocasiones en las que existe un gran volumen de conversación en un momento puntual, de forma que se suspende la cuenta hasta que se retoma la normalidad.

“Si se ha cometido un error, se debe eliminar el mensaje y explicar por qué se ha eliminado”, recomienda el profesor Orihuela. “Si no se trata de un error, sino de un asunto polémico, hay que focalizar las interacciones en aquellos prescriptores con los que se pueda razonar, evitando discutir con necios o usuarios anónimos. Cuando se reciban injurias, amenazas o calumnias, conviene capturar los mensajes para eventualmente proceder a su denuncia, reportar la cuenta o el mensaje al gestor de la plataforma por si constituyera una violación de los términos de servicio, y bloquear al agresor”.

“Tanto si eres famoso como si no, es importante que cuides tu identidad y tu reputación digital. Ambas tienen repercusión en tu entorno offline”, explica Elena León, executive associate de la consultora de comunicación Kreab, que destaca la importancia de la prevención. “Sé prudente, estás en un entorno abierto. Ten sentido común. Evita los temas polémicos, pero si deseas pronunciarte y opinar, huye de los insultos y palabras despectivas. La comunicación está creada para entendernos y construir. Si estás enfadado no abras Twitter. Si estás borracho, no abras Twitter. Te puede sorprender la repercusión de algo inofensivo”. A la vista está.

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