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Cristiano Ronaldo y la ira de Messi

Leo Messi jamás se sentirá completo. La falta de un título con su selección que vaya más allá del oro olímpico de Pekín, de un éxito de los mayores, lo ha sumido en la frustración más absoluta. Es un jugador futbolísticamente español, pero emocionalmente argentino. Eto’o me dijo una vez que vivía en Europa pero dormía en África. Lo mismo puede decirse de Messi. Hay pocas señas de identidad tan perennes como la argentinidad y pocas idiosincrasias donde el fútbol y la tragedia signifiquen tanto, y es que no hay ídolo nacional que no se atenga a un patrón trágico, desde Gardel a Evita o desde el Che a Maradona, el único vivo. Ese cóctel es psicológicamente inflamable. Por eso, en Argentina, la victoria es más que una victoria y la derrota es más que una derrota. Por eso Messi lo sufre de esa forma.

Para Cristiano es diferente. El contexto no es una unidad de medida en su caso, porque el jugador ha superado individualmente las cotas futbolísticas de Portugal.Es un Messi sin Argentina y sin Maradona, un Neymar sin Brasil y sin Pelé.También el último sufrió lo que todo eso significaba en el Mundial en su país. El desafío del portugués es consigo mismo, porque la selección forma parte de un espacio más que quiere conquistar. La valoración de lo alcanzado con sus clubes o en galardones individuales es ya de récord para ambos, pero Cristiano, como Messi, sabe del tremendo valor añadido que tienen las conquistas con las selecciones, además del amor que los dos futbolistas sienten por sus países. El portugués ha dado fe de ello.

A Messi le favorece el nivel de Argentina, una candidata permanente a los títulos, pero algo dice que pertenece a una generación maldita y perdedora. La albiceleste cayó en finales en tres años consecutivos (Mundial 2014 y Copa América en 2015 y 2016). Cristiano, aún muy joven, formaba parte de la Portugal que perdió ante Grecia en su Eurocopa, en 2004. La mejor generación del país luso ha pasado, aunque aparecen brotes verdes, como Raphael y Renato Sanches.

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