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Bocados de libertad en Nueva York

Mujeres refugiadas de Irak, Siria o Eritrea trabajan como chefs en un establecimiento de comida étnica a domicilio en pleno Manhattan

“La gente está hambrienta de nuestra cocina y de una historia diferente”, explica la promotora de la iniciativa

A quince minutos del corazón de Manhattan, en Long Island City, una cocina compartida se ha convertido en un oasis de paz y libertad para sus ‘chefs’ -refugiadas de Irak, Siria, Nepal, Eritrea y Tibet. Entre cacerolas y fogones, donde Eat Offbeat prepara pedidos de comida étnica para ‘aventureros’, estas mujeres se reinventan lejos del hogar que un día tuvieron que abandonar.

En 2012, C. y su familia dejaron Alepo (Siria), una de las ciudades más devastadas en el conflicto sirio, sin llevar nada consigo. “No llevamos nada porque pensábamos que íbamos a volver“, explica pausadamente. Después de dos años en el Líbano buscaron asilo en Estados Unidos y comenzaron otra vida. “Quería ser una nueva persona aquí y decidí trabajar”, añade C. mientras trocea unos vegetales para una sumaq salad.

Desde el anonimato, la chef reconoce que es feliz en Nueva York porque está con sus hijas, sale a la calle y conoce a mucha gente de todo el mundo y, sobre todo, está haciendo algo que le encanta: cocinar. Sueña con un día en el que tendrá su propia cocina. ” Somos una familia. Aprendo de todos, especialmente aquí”, dice con una media sonrisa.

Platos distintos cocinados por refugiados

¿Y qué es Eat Offbeat? En palabras de Manal Kahi, emprendedora social y co-fundadora con su hermano Wissam de la iniciativa, es una empresa que sirve a domicilio comida fuera de lo común (del inglés off-the beaten path), cuyos platos auténticos están cocinados por chefs, que son refugiadas.

“Empezamos en noviembre de 2015 y estamos creciendo muy rápido”, apunta Kahi que emigró con su hermano desde el Líbano en medio de la crisis de refugiados de 2013. La inspiración para poner en marcha la empresa surgió al no dar con un humus tan bueno como el de su abuela y empezar a prepararlo ella.

“La gente está ‘hambrienta’ de nuestra cocina y de una historia diferente. Leemos mucho sobre refugiados, pero siempre en negativo. Nosotros ofrecemos un punto de vista positivo”, remarca la joven, que canalizó a través de la empresa su deseo de ayudar a quienes necesitan asilo en EE. UU.

Algunos clientes llegan hasta Eat Offbeat intrigados por la misión social. “Y vuelven por la comida”, apunta con orgullo y satisfacción Kahi. En el menú se encuentran platos como kibbeh de patata, baklava, manchurian y momos nepalíes (unos dampling vegetales).

La receta de estos dos últimos -dos de los favoritos de los clientes- es de la chef Rachana que lleva casi una década en Estados Unidos. La veterana del grupo tuvo que dejar Nepal en 2006 y se instaló inicialmente en Virginia con unos familiares. Después se mudó a Nueva York. “Estuve sola ocho años hasta que vino mi familia hace dos. Me costó mucho. Todo era nuevo para mi: el idioma, la ciudad, viajar en metro; todo”, recuerda repasando las diferencias con su vida anterior.

Para ganarse la vida, Rachana estuvo cuidando niños. Pero no terminaba de encontrarse. “Sabía que quería hacer algo de cocina porque era buena cocinando”, dice antes de explicar cómo contactó para encontrar un empleo con el Comité Internacional de Rescate (IRC), una de las nueve agencias de ayudan a los refugiados a instalarse en el país.

Cuando descubrió el proyecto sintió que “Dios me había dado mucho ese día”, dice mirando hacia arriba. “Aquí podemos cocinar lo que queremos. Juan lo prueba y si le gusta vamos adelante“, explica Rachana, que desde hace cinco meses trabaja con su hija Satakshi. Ella se ocupa de realizar repartos y asegurarse que todo está organizado. “Eat Offbeat actúa como un puente entre los dos mundos”, dice la joven que quiere estudiar Derecho.

Satakshi destaca la labor de la empresa que ha ayudado a su madre a “encontrar gente con experiencias e historias parecidas. Todavía no queremos hablar de ellas, pero sabemos que hemos pasado cosas similares”, dice antes de salir a hacer un reparto a Manhattan (en coche con el servicio de Uber).

El director culinario, un cordobés

Ninguna de las tres chefs ‘oficiales’ -trabajan tres o cuatro días por semana entre seis y siete hora- son cocineras profesionales; tampoco las cuatro que van rotando. “Nuestro único requisito es que les apasione cocinar, que quieran compartir su cultura a través de los platos y que sean excelentes cocineras-caseras”, apunta Kahi.

El director culinario, el cordobés Juan Suárez de Lezo, es el que se encarga de hacerles una primera prueba (para ver cómo se desenvuelven) y de enseñarlas a “trabajar en una cocina profesional para formar un buen equipo”, subraya.

Como no es lo mismo cocinar en casa que trabajar preparando 600 pedidos, el director culinario de Eat Offbeat también les transmite otros conocimientos adquiridos tras años de formación internacional en prestigiosos restaurantes como Arzak, Per Se o elBulli como la importancia de tener la estación ordenada o técnicas para mejorar los platos. Incluso a educar el paladar. “Todo cocinero-casero tiene manías, pero tienes que ser abierto si te quieres dedicar de manera profesional”.

Una de la últimas en unirse a la familia de cocineras es Dhuha, que recibió asilo con su marido y sus dos hijos a finales de 2013, después de abandonar Iraq. A sus 29 años, éste es su primer trabajo remunerado. Hablando en árabe con Kahi, que hace de intérprete, Dhuja explica que lo más le gusta de la ciudad es que “estoy con mi familia”. De la cocina, “la calidad del trabajo que se hace aquí y que la gente es del Líbano, Siria”.

En un año electoral, donde el potencial candidato a la Casa Blanca, Donald Trump, propone cerrar las fronteras a refugiados de Oriente Medio, su retórica no pasa desapercibida en la cocina. “La gente está preocupada, empezando por mí. Duele escuchar ese discurso. Nueva York es una ciudad que da la bienvenida a todo el mundo. Este tipo de mensajes da miedo”, señala Kahi.

Mientras en Eat Offbeat aspiran a conquistar el mercado de Nueva York con sus recetas tradicionales. Más adelante, si todo va bien, el objetivo serán llegar a los ‘estómagos’ de más clientes en otras ciudades de EE. UU.

 

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