Historia

Antes de partir hacia Londres Caamaño juró regresaría a luchar por democracia y soberanía

En la terminal aérea el Coronel de Abril estuvo acompañado del embajador de los Estados Unidos ante la Organización de Estados Americanos, Ellsworth Bunker. Con su partida y las de otros militares, ya eran 13 los oficiales de “la zona Rebelde”, de los 34 pactados, los que habían sido trasladados al extranjero.

Las firmas del Acto Institucional y el Acta de Reconciliación Dominicana en agosto de 1965, abrió el camino para finalizar la revuelta de abril y el establecimiento de un clima de paz en que se restablecieran los derechos fundamentales de todos los dominicanos. Tocó al doctor Héctor García Godoy, como presidente provisional aceptado por las fuerzas en pugnas, organizar las elecciones generales de junio de 1966, previa salida hacia el extranjero de los militares más beligerantes en el conflicto que terminaba, aun con la resistencia de los sectores que se habían compactados con los oficiales del CEFA y del grupo de San Isidro.

Todavía en enero de 1966 los soldados constitucionalistas, concentrados en el Campamento 27 de Febrero, situado en la margen oriental del río Ozama en la zona de San Soucí, con  el nombre de Brigada Mixta Gregorio Luperón, no habían comenzado a ser reintegrados a sus respectivos campamentos, como se estableció en el acuerdo de paz, y el Coronel Caamaño se encontraba en la República Dominicana.

Familiares de Caamaño fueron conducidos al aeropuerto.

Después de tensas reuniones en que se discutieron los detalles de su salida y las de sus compañeros como agregados militares en embajadas dominicanas en el extranjero, se llegó al arreglo para que esta se efectuara el sábado 22 de enero a las 1:30 de la tarde. Desde temprano, el ex presidente constitucional visitó varios lugares, entre ellos el campamento militar donde todavía quedaban unos 700 soldados constitucionalistas, para despedirse de sus seguidores. Luego viajó al campo de polo del Hotel Embajador para, bajo protección de soldados norteamericanos y autoridades de la Embajada Americana, que impidieron se acercaran los que fueron al lugar con el fin de presenciar su partida, dirigirse al Aeropuerto Internacional Punta Caucedo, para marchar hacia Inglaterra.

En la terminal aérea el Coronel de Abril estuvo acompañado del embajador de los Estados Unidos ante la Organización de Estados Americanos, Ellsworth Bunker. Con su partida y las de otros militares, ya eran 13 los oficiales de “la zona Rebelde”, de los 34 pactados,  los  que habían sido trasladados al extranjero.

Cuando se encontraba en el aeropuerto, el coronel Caamaño declaró a la prensa que su estadía en Europa no parecía definitiva y que “cuando la Patria lo reclame estará aquí de nuevo dispuesto a luchar por la democracia y la soberanía nacional”. Además, que tan pronto estuviera en Londres lo primero que iba  hacer era “pensar en la Republica Dominicana”.

En el avión que lo llevó a la isla de Puerto Rico, también lo acompañaron sus familiares más cercanos: María Paula Acevedo de Caamaño y sus hijos Francisco y Alberto. Además su prima Rafaela Caamaño Grullón con los hijos Pedro y Cinthia Dipp. También iban en el mismo vuelo el jefe de los Hombres Rana Manuel Ramón Montes Arache, los capitanes Mario Peña Taveras, Alejandro Deñó Suero y Héctor Lachapelle Díaz; el alférez Rafael Ubiera Padua y las esposas e hijos de los oficiales constitucionalistas.   

Todos abordaron un avión de Dominicana de Aviación que los llevó hasta Puerto Rico. Desde allí Caamaño se trasladó hasta la ciudad de Nueva York, donde fue esperado por docenas de dominicanos interesados en saludarlos, entre ellos su madre doña Enerolisa Deñó. El domingo 23 de enero llegó a Londres, presentándose en la embajada dominicana para asumir su condición de agregado militar.

Antes de su partida, quien había sido el principal líder de la revolución de abril de 1965, entregó a la prensa una declaración escrita que fue publicada el 23 de enero, cuando ya se encontraba en el extranjero, y que a continuación transcribimos:

El avión de Dominicana de Aviación cuando despegaba rumbo a Puerto Rico

“Quiero anunciar al pueblo dominicano, que en el día de hoy saldré hacia Inglaterra, donde asumiré las funciones para las cuales fui designado por el Poder Ejecutivo. Otros compañeros salen también por idéntico motivo con destino al extranjero. Abandono el suelo querido de la patria, para cumplir como militar lo que sostuve como mandatario y combatiente constitucionalista: la estricta obediencia y respeto al Poder Civil, base indispensable para la implantación de un verdadero Estado de Derecho en la República.

“Los hombres que nos lanzamos junto al pueblo en la lucha por el retorno a las instituciones democráticas, no podemos menos que acatar las disposiciones de las autoridades surgidas de los acuerdos que pusieron fin a la contienda.

“A  los valerosos oficiales y soldados que participaron en la lucha por el retorno a la constitucionalidad, quiero reiterarles mi agradecimiento por la solidaridad demostrada y transmitirles las seguridades que me han sido dadas de que sus vidas serán garantizadas, así como el derecho a ser reintegrados a sus respectivos cuerpos.

“A los militares que no participaron y a aquellos que por causas ajenas a su voluntad lucharon contra el Gobierno Constitucional, quiero significarles que no existen odios en nuestro espíritu y tengo fé en que muy pronto nuevamente, dentro de unas Fuerzas Armadas conscientes de sus deberes para con la Nación y libres ya de las ambiciones desenfrenadas de cuantos malos oficiales las han utilizado como instrumento.

“En aquella lucha el pueblo dominicano demostró, una vez más, que las razones del Derecho están siempre por encima de la brutalidad de la fuerza. Es cierto que padecimos angustias y muertes, pero el sacrificio no ha sido en vano, y estoy seguro de que el porvenir recogerá los frutos del valor y el desprendimiento que se pusieron al servicio de la democracia constitucional.

“Presentes necesidades me obligan a abandonar el país, pero mi partida y la de mis compañeros debe ser justamente comprendida por todos mis compatriotas. Motivos ligados a circunstancias políticas determinan esta ausencia temporal, y quiera Dios que ella favorezca el proceso de democratización iniciado el 24 de abril de 1965.

Caamaño llegando a Nueva York

“Muchos hemos ganado en esta dura lucha que inició el pueblo cuando enarboló la legalidad como símbolo de su causa. Desplazamos del poder a los grupos corrompidos y reivindicamos derechos que venían siendo violados de manera sistemática por gobiernos contrarios a la voluntad popular.

“Si bien es verdad que la intervención extranjera nos impidió restablecer la Constitución del 1963, defendida por nuestra revolución democrática, no es menos cierto que impusimos la vigencia del Acto Institucional y el Acta de Reconciliación Dominicana, que consagran los derechos humanos, las libertades públicas y la fijación de elecciones generales llamadas a normalizar la existencia constitucional de un país azotado por golpes de estado y asonadas militares.

“Nadie ignora que se han violado muchos de los principios establecidos en esos documentos. Sin embargo, no es hora de lamentaciones, sino de mantener la constancia necesaria para lograr nuestros objetivos fundamentales.

“Parto al extranjero con la esperanza de que todas esas conquistas, que tanta sangre han costado, serán respetadas por aquellos que comprometieron su palabra al firmar esos documentos. Pero parto, asimismo, con la profunda convicción de que si los enemigos de la paz y la democracia se obstinan en seguir por el camino de la violencia, del terror y de la muerte, el valiente pueblo dominicano sabrá reconquistar su legitimo derecho a vivir libre y sin temores.

“Llevo conmigo, en lo más hondo de mi corazón, la causa de la democracia. ¡No estaré, pues, lejos de mi pueblo!

“Pido a todos los dominicanos que lucharon bajo el lema común de la constitucionalidad y de la soberanía, continuar de la misma manera: unidos todos en beneficio del pleno rescate de los valores nacionales.

“Y hago el juramento, sobre la tumba de los que en esta lucha han caído, por mi honor de dominicano y de soldado, que cuando la patria lo reclame, aquí estaré de nuevo, dispuesto a luchar por la democracia y por la soberanía nacional.”

El juramento estaba hecho, pero la próxima vez que el coronel Caamaño estuvo en territorio dominicano, fue cuando regresó en febrero de 1973 acompañado de ocho hombres para comenzar la “guerrilla de Playa Caracoles”, en la que perdió la vida junto a cinco de sus compañeros.

Por Alejandro Paulino Ramos

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