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La Libertad en Cristo

Estad, pues firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de la
esclavitud” (Gálatas 5:1)

Por Rey Díaz

El Apóstol Pablo se dirige a los miembros de la Iglesia en Galicia para corregir varias practicas heréticas que los falsos maestros buscaban introducir dentro del contexto de la fe cristiana. La iglesia en ese lugar había oído las predicas y las enseñanzas relacionadas a Cristo, pero seguían siendo asediados por aquellos que deseaban seducirlos a un sincretismo religioso que los doblegara hacia la esclavitud legalista en vez estar firme en la libertad a la cual Cristo los había llamado.  

 

Por la fe en Cristo Jesús, hemos sido liberados de la maldición de la ley, el pecado y la muerte. En verdad somos incorporados en el cuerpo de Cristo, la Iglesia. Al ser crucificado, muerto y sepultado, Cristo pagó el pecio de nuestros pecados en la cruz. Su resurrección nos ha desatado para vivir en libertad, ya que hemos sido sepultados juntamente con él, para juntamente con él resucitar a una nueva vida. 

 

La resurrección representa, el anticipo de lo que sucederá a todos los que creen en su nombre. Como el cristianismo surgió del judaísmo, la mayoría de los primeros cristianos procedían de la nación de Israel. Al no entender claramente la obra expiatoria de Jesucristo, algunos de ellos mezclaban varios aspectos del judaísmo con la fe cristiana.

 

En las enseñanzas de Jesús en los evangelios, el maestro señala que todo lo escrito en las Escrituras, es decir los 39 libros de la Biblia hebrea, hablan sobre él. No es Cristo más lo que usted quiera añadir, sean tradiciones culturales, o religiosas, lo que forma el verdadero cristianismo. No es una mezcla de creencias, ligadas al cristianismo. Es solamente a través de la fe en Cristo, que obtenemos la salvación eterna.

 

Para Pablo, Cristo nos libertó para ser libres, no para que continuásemos en esclavitud. Pero como a mucho de nosotros nos complacen las normativas, los ritos, ceremonias y las observaciones desarrolladas por los practicantes de la fe, esas cosas nos hacen sentir muy bien. Sin embargo, resulta contraproducente, para el verdadero cristianismo, añadir otra cosa por la cual busquemos nuestra propia justificación. Si así hacemos, Pablo dice que caemos de la gracia de Dios.

 

Cuando mi hijo Oscar nació en Santa Clara, California, los hermanos de la iglesia le regalaron una corcha de colores para el frío, con lo cual lo arropábamos todos los días. Él llegó a tener tanto cariño a ese tejido, que no había quien se lo quitara de la mano. A medida que crecía, arrastraba la corcha con él para todas partes. Si no lo dejábamos cargar la corcha para todas partes lloraba amargamente. Así que aprendió a manipularnos desde muy temprano. Y no sabíamos que hacer, pero a medida que fue creciendo, fue dejando la corcha y cuando vinimos a darnos cuenta, ya la había dejado. 

 

Las tradiciones, ritos, y practicas de la fe, muchas veces se hacen normas, y si hemos nacido en esa práctica, pronto nos damos cuenta que las costumbres se hacen ley, al igual que a mi hijo con aquella corcha, quien no deseaba soltarla para nada. Pero a medida que creció, dejo también aquello que lo ataba a su pasado. Cuando crecemos en Cristo, dejamos atrás todo aquello que nos ata al pasado pecaminoso, pues Cristo nos libró, para ser verdaderamente libres.

 

Los judíos del tiempo de Pablo, creían que los cristianos debían guardar el séptimo día, es decir el sábado, los varones debían ser circuncidados, y además todos debían guardar ritos y ceremonias como el lavado de las manos antes de comer, abstenerse de comer carne de animales ahogados, no comer carne sacrificadas a los ídolos, etc., etc.

 

Pablo recuerda a la iglesia de Galicia que cualquiera que se trate de justificar por las obras de la ley, de la gracia de Dios habían caído. (Gálatas 5:4).  Añadir, cualquier otra cosa a la fe en Cristo, es como tratar de justificarse por hacer, o creer en esas otras cosas. 

 

Automáticamente nos desligamos de Cristo, regresamos a la esclavitud, y por ende caemos de la gracia divina, cuando buscamos la justificación por otros medios además de la fe en Cristo. Si Cristo nos ha hecho libre, por qué regresar los dogmas y creencias esclavizantes que buscan imponer un elemento distinto de la fe en Jesucristo. 

 

Pablo resume claramente este asunto en otra de sus cartas cuando dice: “Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” La fe puesta en el sacrificio expiatorio de Jesucristo, no trae paz para con Dios, y nos libera de falsas prácticas para ser libres con el propósito de servir, adorar y bendecir a Dios.

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