Meditación

¿Cómo Dios resiste la acción de los soberbios mientras imparte el don de su gracia entre los humildes?

Rey Díaz

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Santiago 4:6 …”Dios resiste a los soberbios, y da gracias a los humildes”…

Ciudad de Nueva York. Diciembre 29, 2018. Vale la pena leer en su totalidad, la carta del Apóstol Santiago, en el Nuevo Testamento. En ella se ofrecen algunos consejos prácticos para la vida en comunidad, a través de la cual, entre otras cosas, se nos enseña cómo podemos llegar alcanzar la sabiduría que proviene de Dios. La sabiduría de Dios es contrastada en este documento de la fe, con la sabiduría humana. Esta reflexión, sin embargo, tratará de cómo Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes.

Este verso bíblico es parte de un conjunto que pertenece al capítulo cuatro de Santiago, quien era hijo de la virgen María y hermano de Jesús, primer obispo de la iglesia en Jerusalén. Fue uno de los primeros mártires de la fe cristiana. Santiago nos dice que Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Resistir, es no sólo estar en una posición opuesta, sino que involucra una lucha de fuerzas que se dirigen en dirección opuesta una de la otra.

Cuando Dios resiste a los soberbios es porque estos están colocados en dirección opuesta al plan de Dios, y se conducen guiados como seres superiores a los demás, cuando en esencia son hechos en igualdad de condición, con las mismas características: alma, cuerpo y espíritu. (El alma es la esencia del ser, quienes somos, el cuerpo surge del polvo de la tierra, soma, o carne, y el ruhaw en hebreo, soplo, pneuma en griego, o espíritu, de Dios, de donde proviene la vida).

Nuestra rebeldía conduce a la ira y la soberbia. Ese orgullo nos lleva a creernos superiores a los demás. Frecuentemente nos irritamos con los demás por algo sencillo. Esa ira se expresa en actos de violencia con la cual deseamos destruir al oponente. Santiago nos dice que Dios resiste a los soberbios.

Una persona que practica la soberbia, se irrita con facilidad, agrede, insulta, verbal y físicamente a los demás. En su enojo, suspende su capacidad de razonar, dando paso a la soberbia. En cualquier momento, arremete contra la otra persona que ha cometido una pequeña falta, porque el soberbio siempre encuentra falta en otros para desahogar su ira, y muy pocas veces reconoce sus errores.

Santiago dice que Dios resiste a los soberbios. Esa resistencia no considera el lugar que ocupemos en la sociedad como exento de tal resistencia, ni depende de cuánto dinero poseamos. Aun teniendo todos los recursos que el dinero, la fama y el poder puedan ofrecernos, Dios resiste a los soberbios. ¿Por qué Dios resiste a los soberbios? Analizaremos estos conceptos en breve, pero primero veamos la segunda parte de este versículo cuando dice que Dios da gracia a los humildes.

Mientras Dios resiste a los soberbios, a los humildes el colma de su gracia. Esto está interconectado en cómo nos relacionamos con Dios y el prójimo. La gracia de Dios la recibimos cuando vivimos en armonía con los demás, la humildad no es una debilidad, ni si quiera significa que somos inferiores. La humildad es una actitud que indica una resistencia pacífica en contra de los valores de este mundo. La humildad es también resistencia pacífica expresada en una actitud de sometimiento total a la voluntad de Dios.

Cuando estamos dispuestos a ser humildes, la gracia de Dios nos empodera para no caer en el error de querer resolver cualquier conflicto por medio de una lucha basada en la violencia. Dios otorga su gracia cuando nos humillamos, es decir, cuando no devolvemos mal por mal, insulto por insulto. Dios decide otorgar su gracia cuando la persona es capaz de someterse a su plan, en contra de los valores del mundo.

La soberbia tiene su raíz en la ira. Cuando nos airamos, somos capaces de cometer cualquier crimen, o hecho bochornoso, del cual luego, nos arrepentimos. Otras veces es muy tarde para arrepentirnos y tenemos que pagar con prisión por un acto criminal cuando nos dejamos gobernar por la pasión de la ira.

Otras veces tenemos que pedir perdón al ofendido. Mientras tanto pasamos la gran vergüenza por las faltas cometidas. Y es que los demás se dan cuenta de nuestros errores. Toda conducta de soberbia, nos guía a la violencia física de agresión, y Dios se encargará, a su debido tiempo de resistir los actos de soberbia hasta que cambiemos, de lo contrario pagaremos las consecuencias. Dios anhela hacernos cambiar para que no padezcamos la vergüenza de ir a prisión, o de herir a quien amamos para luego pedir perdón a la persona ofendida.

Cuando los niños se irritan, los padres, o guardianes les indican que deben contar hasta diez, hasta que se le vaya el rencor, otras veces lo apartan de los demás niños, hasta que la ira desaparezca. En mayor o menor escala, todos tenemos que ser entrenados en esta materia para que nos ayuden a moderar, controlar y eliminar la soberbia.

La otra razón por la cual Dios resiste a los soberbios es porque anhela la convivencia pacífica entre los humanos. Él nos creó para que viviéramos interconectados, unos con otros, en un ambiente de paz, amor y colaboración. Lo contrario sería oponerse a su designio. Y cuando nos oponemos a su designio, el resiste nuestra arrogancia de creernos estar por encima del bien y del mal.

En la arrogancia humana, Dios resiste a los soberbios, y esa resistencia tiene como propósito ablandar nuestro corazón para hacer la voluntad de Dios, pero el orgullo nos hace ser rebeldes y continuamos cometiendo errores con los cuales caemos en la trampa, que luego nos hace reconocer que hemos fallado ante Dios. Entonces, somos humillados por la resistencia divina, porque nadie puede pelear y vencer a Dios. Somos derrotados por la soberbia que surge del corazón cuando no queremos seguir el plan trazado por nuestro creador.

Lo contrario sucede al que se humilla. Dios da su gracia. Su gracia es un don gratuito que surge y parte de Dios hacia los humanos que viven humildemente. Y esa gracia divina se nos da para enriquecer nuestra vida cotidiana con la fragancia y la ternura del amor de Dios. En otras palabras, la gracia dada por Dios enriquece nuestra vida espiritual y nos vacuna contra la soberbia de un mundo que se ha ido dejando dominar por este flagelo que opera internamente en el corazón humano.

La soberbia convierte a un ser humano en un asesino. Hiere a sus seres queridos y se convierte en criminal en un abrir y cerrar de ojos. Dos ejemplos breves de la historia que nos servirán para ilustrar lo que decimos aquí, y que no necesitaremos de mucha explicación. El primer caso viene del pueblo alemán: Adolfo Hitler. Este hombre desarrollo su país y lo elevó por encima de muchos otros países. Sin embargo, su soberbia lo condujo de una guerra a la otra, hasta llevar al mundo por una guerra que solo dejo millones de muertos y destrucción por muchos países europeos, convirtiendo finalmente a su pueblo en una enorme ruina.

El segundo ejemplo proviene de Sur África: Nelson Mandela. Este hombre estuvo en prisión por 27 años, mucho menos tiempo que Adolfo Hitler, quien también estuvo preso en Alemania. Después de haber cumplido su sentencia llegó a ser el primer ministro de Sur África, y su accionar político lo llevó a tener un gran prestigio, en su nación, y fuera de su nación. Sus logros, convirtieron a Nelson Mandela en un gran estadista de fama internacional. No llegó al poder con soberbia y deseo de vengarse, sino que sirvió en la reintegración racialmente de su país, sin guardar rencor, ni odio hacia sus adversarios.

Su fama se expandió por el mundo entero como un digno ejemplo de como la gracia de Dios opera entre los humildes. Uso la humildad como su método de lucha terminando con un gobierno que operaba bajo las normas del apartheid, violador de los derechos humanos. Así este hombre llegó al poder en el Sur de África siendo un ejemplo fiel de como Dios da gracia a los humildes, y resiste a los soberbios como Adolfo Hitler.

Su historia puede ser comparada bíblicamente con la de José, Moisés y el rey David, en el Antiguo Testamento. Siendo estos de extracto social humilde, llegaron a la cima del liderato político el cual ejemplifica como la gracia de Dios actúa. La gracia otorgada por Dios a los humildes, siempre resiste el mal. Dios siempre te dará fuerzas para resistir con el bien, el mal; y esto se logra –repito– por la gracia que Dios imparte a los humildes.

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