Opinión

Sátira para despedir el año

Por: Rafael A. Escotto

2018:   «Vivir en la casa presidencial es como estar a toda hora con

la luz prendida«. El otoño del patriarca. Gabriel García Márquez.

Una flor con su pétalo arrugado es observada en el desierto recostado triste sobre el cuerpo del árbol de la vida rodeado de una espesa neblina; es el árbol más solitario del universo.

La flor de pétalo arrugado reclinada sobre aquel árbol, alegoría al año 2018 que envejeció en trescientos sesenta y cinco días, tuvo un año de floraciones innegables.

Sin embargo, hubo oleajes sociales y pequeñas convulsiones políticas que amenazaron con trastornar vidas humanas; aparecieron pequeñas guerras, más por conquistar riquezas ajenas y mercados extraterritoriales. Hubo discusiones de paz en algunos países y crecimientos económicos fabulosos y ficticios en otros que generaron satisfacciones y disgustos.

Aparecieron, por aquí y por allá, desavenencias políticas entre ideologías contrapuestas tratando de conquistar voluntades y territorios. Hubo intentos en alguna parte del mundo de pacificación, sin embargo, los grandes fabricantes y vendedores de armas de exterminación masiva azuzaron conflictos entre organizaciones fundamentalista de corriente religiosa que interpretan a su manera los textos sagrados contra sociedades democráticas.

La composición heterogénea del mundo que me correspondió gobernar durante trescientos sesenta y cinco días era aquellas poblaciones que se dispersaron por toda la Tierra por mandato de Dios  para que no se edificara la Torre de Babel.

Todas estas arrugas en mi rostro, el crecimiento interminable de mi pelo, la barba blancaquecina, este bastón, mi cuerpo encovado, lo conseguí tratando de conciliar y solucionar discrepancias traídas por las ansias excesivas de autoridad, de acumulación desproporcionada de riqueza, el afán de algunas potencias de pretender adueñarse de bienes patrimoniales ajenos, las coacciones de ciertos Estados sobre los países más pequeños con riquezas naturales y del subsuelo cuantiosas e inexplotadas.

Creo que hubiese sido preferible gobernar un mundo donde todos hablaran la misma lengua y usaran las mismas palabras y que obedecieran a Dios y no a Nemrod, que se hizo rey después del Diluvio.

En estos trescientos sesenta y cinco días de dominio de la Tierra estoy terminando mis días fatigado y sin posibilidad ninguna de retomar el mando terrenal. Tampoco tengo posibilidad de reelegirme porque quienes me eligieron no fueron congresistas sinvergüenzas, de doble moral.

Durante mi estadía en el planeta, políticos y empresarios corruptos con rostros de apóstoles me presentaron proyectos sociales y económicos de finalidad espurios, siempre para perjudicar los derechos y los desarrollos  de otros. Algunos amigos critican mi apariencia descolorida con la que termino mi mandato, habiendo podido salir con un rostro distinto.  Hablan así porque no conocieron todas las deshonestidades que tuve que sortear.

Inclusive, en ese mundo que me tocó administrar durante un año, un año que me desbastó física y mentalmente, hay tanta descomposición social, impurezas morales y éticas. Estas impudicias están escondidas en los resquicios de las sociedades, en los monasterios católicos, en las sinagogas, en los templos evangélicos, en los negocios y asociaciones de grandes empresarios, en los poderes fácticos, en los partidos políticos,  en los centros educativos, en la prensa, en la banca, en los gobiernos locales. Son como las aguas mortales del lago Estigias que aparecen en la Divina comedia, que cubría la «quinta parte completa del infierno«.

Gracias a Dios que mi reinado en aquel lugar terminará a las doce de la medianoche del 31 de diciembre. Es verdad que concluyo mi reinado viejo y disminuida mi figura por falta de sueño. Sin embargo, debo decir, que a pesar de los muchos corruptos, sabandijas y granujas humanas con quienes me tocó compartir mi gobierno, también tuve a mi lado gente buenas, trabajadoras, preocupada por el bienestar de los demás. Todos tal vez, patriotas y honestos a carta cabal.

El nuevo año 2019, que me  sucederá en el mando del planeta, después de esta sátira, he sido informado que el joven está tan temeroso pensando que  le espera un mandato de muchas crisis sociales y humanas. Los conflictos que no pude resolver, no por falta de diligencia de mi parte, sino porque algunos seres  humanos se han corrompido, resurgirán en forma de movimientos migratorios, de guerras económicas, de xenofobia, de intentos de destrucción o de conquistas de mercados, de miserias y grandes hambrunas en regiones como África y de tentativa de fusiones de pueblos de costumbre, tradiciones y hábitos diferentes.

Verdaderamente, ese mundo es  una locura. La codicia de la aristocracia, la descomposición social dentro del sistema político lo está convirtiendo en un planeta maldito, similar a lo que fue Sodoma y Gomorra que se encontraban a lo largo del Mar Muerto.

No obstante, le he dejado al nuevo año sobre mi escritorio unas recomendaciones que podrían ser valiosas para su gubernatura. Además, en la gaveta del medio encontrarás un manual de resoluciones de conflictos que podría serle útil, así como una relación con los nombres de los corruptos, farsantes y trepadores que no debe utilizar ni oír; asimismo un pequeño directorio de los hombres y mujeres honestas a quienes puede acudir confiado.

Si el año 2017, a quien reemplacé, hubiese hecho lo mismo conmigo, la situación en mi gobierno hubiese sido distinta, por lo menos, los conflictos que aparecieron después que ese año salió del poder, viejo y con ojeras moradas debajo de los párpados,  mi sustituto no se toparía con la sorpresa que me dejó aquel año.

Me voy reposado a mi retiro final a sentarme en mi butacón a leer los tres cánticos de la Divina Comedia, de Dante Alighieri, el infierno, el purgatorio y el paraíso. Después de esta ironía, si hice algún mal o bien durante los trescientos sesenta y cinco días de mi gobierno terrenal quisiera ir primero al purgatorio a expiar mis pecados y luego, si merezco otro lugar, me contentaría con el paraíso o sea, al último reino de la ultratumba, al que los católicos llaman el empíreo, el más alto de los cielos al que ascienden las almas incorruptibles y eternas.

Yo sé que los amigos que dejé, que me aconsejaron bien, que no fueron políticos ni empresarios corruptos ni farsantes, dirán, te fuiste y no sabes cómo extraño, cada momento tus sabias decisiones vienen a mi mente.

Ya a mi salida, ya cuando definitivamente me voy, me llaman para darme la noticia: Omega acaba de quedar en libertad. ¡Usted viejo año está invitado a la fiesta!

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