Opinión

El teatro y la realidad en el discurso político oficial

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El gobierno del presidente Danilo Medina quiere dar la impresión de que todo “marcha bien”, y que la administración pública tiene un respiro luego de los sometimientos judiciales hechos por el Ministerio Público a 14 personas, por el caso de corrupción Odebrecht, y que para nada toca lo relacionado con los sobornos para la construcción de la planta Punta Catalina y menos con el financiamiento ilegal de campañas electorales, en las que sería altamente favorecido el Partido de la Liberación Dominicana.

Es notable el esfuerzo que hace el presidente Medina y parte de su equipo para dar la apariencia de “normalidad”. Hasta el momento, ni el presidente Medina ni su vocería oficial se ha referido a los sobornos de Odebrecht ni a los imputados por tales sobornos. Habría que admitir que extraoficialmente ha hecho de vocero del presidente el señor Felucho Jiménez, quien dijo que el presidente le confesó que no buscaría la reelección presidencial otra vez, en el 2020, algo que está prohibido expresamente por la Constitución de la República, y que quedó claro cuando se modificó el artículo 124, sobre la reelección, que el actual presidente y vicepresidenta no buscarían otra reelección, porque les queda tajantemente prohibido. Pero cualquier cosa puede pasar en este país de la normalidad.

El Ministro de Industria y Comercio, Temístocles Montás fue imputado por el Ministerio Público, y se encuentra cumpliendo 6 meses de prisión preventiva, y el Presidente no ha dicho absolutamente nada sobre el particular. Es decir, el Presidente no siente frío ni calor por las imputaciones que se han hecho a Temístocles Montás, su ministro de Economía hasta agosto del año pasado, y desde entonces Ministro de Industria y Comercio. Se entiende que el Presidente ha debido enviar mensajes a Temístocles Montás, pero nadie sabe su contenido. Ni siquiera porque es un ministro y un miembro del poderoso Comité Político del PLD, el gobierno se siente compelido a decir nada sobre este tema. Y todo sigue normal. Quien sustituyó a Temístocles en Industria y Comercio, Nelson Toca, es un hombre muy cercano al prisionero ubicado en Najayo.

Tampoco el Presidente se ha sentido tentado a decir nada, pese a que dos senadores como Tommy Galán y Julio César Valentín, han sido imputados por recibir sobornos. Se entiende que son legisladores de su entorno, que le dieron apoyo en su proyecto reeleccionista, y se convirtieron en voceros de su causa política. Tal vez el Presidente les ha mandado a decir algo, pero nadie sabe qué. Estamos ante un presidente que no se expresa ni habla en bien o en mal de sus seguidores y compañeros de partido, cuando tienen dificultades. No los condena, pero tampoco los apoya. ¿Qué espera el Presidente? ¿La decisión de condena del juez que conozca la causa de estas personas? Tampoco hay un discurso específico sobre la corrupción y la necesidad de evitar casos como los que se han destapado en Brasil y América Latina, y a los que se han referido prácticamente todos los jefes de Estado de los países afectados, menos el licenciado Medina.

Lo mismo aplica para Radhamés Segura, miembro del Comité Político del PLD, y para César Sánchez, a quien el presidente le encontró méritos suficientes para ser parte de la Comisión especial, al margen del Ministerio Público, que investigara Punta Catalina. Tampoco se expresa el Presidente sobre Ángel Rondón su amigo, quien ha sido sostén de muchas iniciativas de Danilo Medina, y que ha sido condecorado por el Presidente. Tampoco siente nada sobre Ruddy González, un diputado del PRD que fue importante en el apoyo de una parte de ese partido en las elecciones del 2012 a Danilo Medina, y luego lo ha sido para favorecer la reelección del presidente en el 2016.

El caso de Odebrecht es complejo, de acuerdo con la decisión del juez Francisco Ortega Polanco. Es un tremendo caso, que no solamente incluye los sobornos admitidos por la empresa de 92 millones de dólares. Pueden ser más millones, pero incluyen obras que han sido ejecutadas en esta administración y que siguen en ejecución como Punta Catalina. Las evidencias son muy ostensibles, pero la respuesta del gobierno es el silencio, y la impresión de que todo marcha bien, y que el presidente y su equipo no sienten frío ni calor por lo que está ocurriendo. Acaban de emitir deudas por 500 millones de dólares para seguir financiando las plantas de Punta Catalina, y las declaraciones del Ministro de Hacienda destacan lo exitosa que ha sido la operación. Todo normal, nada ha pasado aquí.

El Presidente sigue en sus visitas sorpresas. Sigue tomando dinero prestado, sigue emitiendo bonos, sigue hablando de temas que carecen de transcendencia. Incluso hay grupos que piden la renuncia del presidente, y eso no significa nada. Ni preocupa ni provoca reacciones, por más alocada que pueda resultar la idea. Todo el mundo es conciente: Danilo Medina es el presidente de la República, y no necesariamente está protegido para guardar silencio sobre los temas que tocan a su gobierno.

¿O es que se entiende que el Ministerio Público habla por el Presidente de la República?

Ha habido seis grandes marchas en reclamo de transparencia, detener la corrupción y parar la impunidad. El gobierno quiere hacer creer que las actuaciones del Ministerio Público son una respuesta a ese reclamo. Pero no es así. Las acusaciones flaquean por todos los ángulos y es muy parcial el expediente. Los momentos de los grandes desembolsos de sobornos de Odebrecht están identificados, y no hay nadie detenido ni imputado por ellos.

Con la impresión de normalidad que quiere transmitir el gobierno se completa la trama de una obra que parece más teatro que realidad. Y no es eso lo que el país está reclamando.

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