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Crisis post-electoral en los Estados Unidos

Por Rey Díaz    Nadaorg.22@outlook.com

Ciudad de Nueva York, –Los resultados post-electorales, previo a las elecciones del 8 de noviembre en los Estados Unidos reflejaban la difícil tarea de pronosticar en base a los datos ofrecidos por las encuestas , de las firmas encuestadoras basados en los informes  estadísticos que para muchas personas carecían de veracidad.  En ese análisis de las encuestas los votantes no estaban interesados en los hechos presentados por los medios de comunicación,  sino que los votantes mostraba su inclinación preferencial por el candidato de su elección preferencial a la hora de votar.

Esto es lo que se ha empezado a llamar como la sociedad post factual. Es decir que las personas no están interesadas en los hechos, estos pueden ser obviados, al ceder credibilidad solo a lo que se desee creer, debido a los intereses creados en base a las expectativas personales.  Muchos de los electores que mostraban preferencia hacia el candidato republicano estaban conscientes de los conflictos éticos que Donald Trump reflejaba ampliamente, así como también todas las acusaciones que pesaban contra la ex secretaria de Estado Hillary Clinton.

Sin embargo, estas personas simpatizantes de Trump,  o de Clinton con los cuales tuve la oportunidad de conversar, no estaban interesados en lo que decía la prensa, ni de las acusaciones que pesaban contra ambos candidatos.

Ellos no estaban interesados en descubrir la verdad, o la mentira expresadas durante la campaña electoral por cualquiera de los dos contrincantes por la Casa Blanca.  Los votantes de ambos partidos estaban más interesados en las propuestas de campaña  que en los candidatos en sí. Y cualquier distracción al respeto era un desafío hacia a los electores estadounidenses.   Camilo José Cela dice que “Lo malo de los que se creen en posesión de la verdad es que cuando tienen que demostrarlo no aciertan ni una.”

Los temas de interés de los electores iban desde la futura  nominación y aprobación en la selección del próximo juez de la suprema corte de justicia, pues de ese nombramiento depende dar marcha atrás, al asunto de penalizar, o de impedir el aborto y la legalización de los matrimonios entre parejas del mismo sexo. Estos valores están siendo impulsados por grupos conservadores que buscan dar marcha atrás a lo que ellos han percibido como política errada de Barack Obama.

Como Hillary Clinton no se distancio de las políticas de Barack Obama, sino que al parecer su gobierno sería una continuación de lo mismo, muchos latinos, afroamericanos y blancos se sintieron  distanciados de una política ampliamente criticada y rechazada por Trump.

Estas personas no quisieron aceptan los hechos sobre el gobierno de Barack Obama sobre el crecimiento económico durante los últimos 8 años de gobierno, o la reducción del desempleo que está en un 5% mucho más bajo que durante las pasadas administraciones de Busch padre e hijo.

No importaba lo absurdo de los pronunciamientos de Trump, sus simpatizantes decían que eso no era lo que él quiso decir, pero que ellos entendían muy bien el mensaje transmitido. Esta era una forma de evadir a sus adversarios.

Entre los grupos que votaron por Trump están los blancos, latinos, afroamericanos y otros grupos que tienen una adversidad hacia los mexicanos y otras etnias minoritarias que deseaban que el Republicano deporte los 11,000.000 millones de indocumentados con los cuales no tienen muchas cosas en común. El asunto se complicaba cuando Barack Obama ha deportado casi 3 millones y medio de personas sin documento hacia sus respectivos países de origen.

Además, a la hora de analizar la comunidad latina en los Estados Unidos debemos notar que hay una brecha muy grande que refleja la diversidad en la educación, extracto social de donde vienen, intereses e inclinaciones políticas, amén de los valores culturales y esquemas estructurales que hacen de este análisis una tarea difícil de comprender como unificar en un mismo criterio de pensamiento y acción a una comunidad tan basta y numerosa.

Aunque no consideré, los votos del colegio electoral como factor de triunfo en las pasadas elecciones, si vaticiné que Hillary Clinton ganaría las elecciones. El siguiente es el resultado de la recién pasadas elecciones donde la ex secretaria de Estado Hillary Clinton obtuvo el 47.7% del voto popular. Es decir 59,943.008 mientras que Donald Trump obtuvo el 47.5% de los votos, o sea 59,705.047.  Estos datos reflejan la veracidad de mi predicción.

La mayoría de los estadounidenses quienes votaron por Hillary Clinton, también se sienten defraudados y de ahí las protestas que se han estado dando en varias ciudades de los Estados Unidos, entre ellas esta Nueva York, los Ángeles, y la Florida entre alguno de los lugares de protestas organizadas por personas que se sienten despojadas del triunfo electoral por el un sistema político que hay que enmendar.

El conflicto reside en que muchas personas no están interesadas en los hechos, la verdad de temas tratados sino que las personas se inclinan hacia sus propios intereses que aspiran lograr a través de la elección de su candidato. Estas personas no desean escudriñar la verdad,  la curiosidad se ve afectada por los intereses que se tienen sin importar que el remedio pueda ser peor que la enfermedad.

Este fenómeno no solo se ha dado en los Estados Unidos, se dio también anteriormente en Inglaterra, cuando esa nación quiso salirse de la Unión Europea; por tanto no podemos medir con precisión la inclinación política de los ciudadanos basados en encuestas. ¿Es acaso que estamos ante una crisis de cómo vamos a definir la verdad? ¿O acaso no tenemos ningún interés por ser honestos?

La crisis sobre honestidad y veracidad andas sueltas por doquier. Mentir descaradamente, insultar y herir sin ninguna razón fundamental para hacer daño a otras personas, parece ser el plato preferido de los políticos, escritores, presentadores y acosadores de todas índoles.

Una cosa es discutir una posición política, o religiosa y diferir de las ideas de otras personas y la otra es descender al insulto en el ámbito personal, y lanzar acusaciones falsas sin ninguna prueba, o razón para ello.

Aunque esta forma de hacer política ha dado sus frutos en Donald Trump, desde el inicio de su campaña hasta el mismo final, donde no solo arrasó con todos sus oponentes, sino que también arrasó con aquellos que en el congreso no eran partidarios de su maltrato a personas que insultaba sin motivo alguno.

Donald Trump es el presidente de los Estados Unidos, así lo reconoce el sistema político y las leyes que rigen esta nación. No sé si las protestas contra su elección continuaran, o se reducirán en los próximos meses, lo que si reconozco es que la nación ha quedado dividida casi por la mitad a partir de las elecciones.

Y aunque los insultos brindaron el triunfo a Donald Trump, será muy difícil unificar al pueblo americano después de las pasadas elecciones. La crisis sobre la verdad continuará hasta que descubramos juntos una forma más civilizada de hacer campaña política partidista. Decía Ramón de Campoamor poeta español: “Y en este mundo traidor, nada es verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira. (1817-1901).

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