Meditación

Una invitación al ayuno, la oración, el arrepentimiento, y la Adoración

Por Rey Díaz    nadaorg.22@outlook.com

Ciudad de Nueva York,–La lección Bíblica de Nehemías 9: 1-5 hace referencia al retorno del largo exilio que el pueblo de Israel había tenido en Babilonia. El rey Ciro de Persia, después de haber tomado cautiva a Babilonia, permitió a los judíos regresar y reconstruir las murallas de la ciudad, de Jerusalén que había quedado destruida durante la invasión. El tiempo de ese retorno es situado para el año 538 antes de Cristo, y los actores principales son Esdras y Nehemías, a quienes fueron permitidos regresar a Jerusalén para la reconstrucción de la nación y el templo.

Los judíos por medio de sus líderes son convocados para una asamblea nacional. El propósito es arrepentimiento, ayuno y  oración. En primer lugar, se vistieron con ropas ásperas, se echaron tierra sobre la cabeza y separándose de los extranjeros se pusieron de pie y reconocieron sus propios pecados y los de sus antepasados. Tanto la ropa que vistieron, como  echarse tierra sobre la cabeza son actos de contrición.

Muestra el dolor de haber ofendido el santo nombre de Dios. El pecado de sus antepasados, así como el pecado de ellos, son traídos a la presencia de Dios. Cada uno se arrepiente, pero también, el pecado multi-generacional es confesado. De hecho los profetas, al confesar, siempre se incluyen ellos, junto al pueblo pecador, haciendo los pecados de la gente propio de ellos, y confesándolos a Dios como si fueran una sola persona. La lección Bíblica dice que se pusieron de pie y reconocieron sus propios pecados y los de sus antepasados.

En cualquier nación donde este articulo sea leído la gente: “todos Nosotros”, tenemos que reconocer el pecado de nuestros antepasados, y los pecados que como nación actualmente debemos confesar ante Dios. Dice el texto que ellos permanecieron en aquel lugar por tres horas de pie, donde se leyó el libro de la ley. Además, durante tres horas más se arrepintieron públicamente y adoraron al Señor. De aquella asamblea nadie quería irse a su casa hasta que no sintieran alivio por el peso del pecado que agobiaba a todos por igual.

No hay tal cosa como adoración, donde el pueblo de Dios no reconozca la profunda diferencia entre la Santidad de Dios, y el pecado que nos asedia como humanos. Somos pecadores y al entrar delante de la presencia de Dios, debemos reconocer que estamos entrando a un lugar santo, ante un ser Santo, puro y bueno. Como se puede ver en el texto Bíblico que la adoración incluye también, la alabanza a Dios. Los levitas ordenaron al pueblo diciéndoles: “Levántense, alaben al Señor su Dios por siempre y siempre.

Ellos, respondieron afirmativamente diciendo, “alabado sea, con bendiciones y alabanzas, su alto y glorioso nombre!” Todas estas actividades se hicieron en alta voz. Fue un clamor general en gratitud a las bondades de Dios.

La misericordia de Dios había actuado para no consumir al pueblo judío, sino que el exilio había servido para refinarlo y hacer que un remanente fiel, pudiera regresar del exilio y proclamar las bondades del Señor Dios, Jehová el omnipotente y poderoso.

Notamos además, que esta asamblea fue convocada por los líderes y duraron 6 horas de pie, en señal de dolor, mostrando lo arrepentido que estaban todos por sus errores y pecados. A veces, resentimos el hecho de estar por una hora o dos, en la iglesia. Vivimos tan ocupados que nos olvidamos entrar en la presencia de Dios en ayuno y oración, y confesar nuestras faltas a él. Pero cuando lo hacemos, sentimos que una gran carga sale de nosotros. Sentimos el refrigerio espiritual que anhela nuestro ser.

Qué bueno es Dios, que a pesar de nuestra maldad, a pesar de que nos empeñamos en seguir el curso de nuestros malvados instintos, sin embargo, Dios está dispuesto a personar, y regresar hacia nosotros para tener comunión con  sus hijos, e hijas. Cuando esto sucede, entonces, interrumpimos nuestro ayuno con alabanza, y  adoración a Dios, por todas sus bondades. Alabar al Señor, debe ser la actitud de todo adorador.

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