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Herencia Corrupta

Las dudas que tengo sobre el sistema de cómputo de los votos dentro de la Junta Central Electoral Dominicana, podrían desaparecer de mí, pero hasta ahora prefiero ser como Santo Tomas, ver para creer. Y me explico: No es posible que desde un principio del conteo de los votos la Junta Central Electoral rindiera cuenta, en su primer boletín, en donde Danilo había obtenido el 61% de los votos y el más cercano competidor sacara el 35%, pertenecientes a Luis Abinader.

Mi incredulidad sobre el conteo honesto de los votos se cifra en ese mismo detalle. Porque después de ese conteo, Danilo sube un 1 por ciento más y Luis Abinader se queda en el mismo lugar, en donde hubo una atención electoral de un 30 %.

Señores, dejemos de hacer cuentos para cuando estemos bromeando. El presidente de la Junta Central Electoral es parte del gobierno del PLD, y de su partido. Su trabajo en la junta permanece asegurado si ganaba su Partido, pero en caso de que ganara Luis Abinader, su puesto como jefe de la JCE hubiese desaparecido.

Hubo irregularidades en todo el país, y eso lo saben todos los periodistas que reciben dinero de la corrupción pero que ahora callan ante el arreglo magistral de unas elecciones contadas a favor del gobierno en curso.

Por una parte, la ley de partidos en el país debe ser algo que el pueblo debe apoyar. Los partidos, mucho de los cuales son puras demostraciones de ventorrillos políticos, deben ser evaluados en base a una cantidad de votantes registrados en los archivos de la Junta Central Electoral. De lo contrario esos partidos, la mayoría en el país, deben ser cerrados para no seguir consumiendo el dinero del pueblo.

A estos partidos, como también los mayoritarios hay que exigirles una auditoria todos los años. Los recursos no pueden ser usados a su antojo. Si no pasan la auditoria, y si no reúnen la cantidad de votantes necesarios deben desaparecer de la nómina de pago que el gobierno hace a estos partidos. Un 10 o un 15 % ciento de los votantes registrados en las actas debe ser la cuota mínima para calificar como un partido político aprobado por la ley.

Volviendo atrás, no se le puede pedir al gobierno que corrija su propio atolladero con las pasadas elecciones. A decir verdad la Junta Central Electoral es una institución que sirve al gobierno de turno, no importa quien sea, y sería muy pretencioso de nuestra parte que el gobierno revoque a sus propios funcionarios que tanto bien hicieron para ganar las elecciones.

Por otra parte, los medios de comunicación social deberían ser imparciales en el análisis de un tema que debe ser escudriñado objetivamente, sin irse a favor o en contra de los actores que participaron en un hecho observado, sino que se debe reportar la verdad. Pero la objetividad de la cual tanto se habla en las escuelas de periodismo en la Republica Dominicana y fuera del país, a la hora de redactar una noticia, no existe.

Todos escribimos desde nuestros propios puntos de vista, y estamos prejuiciados por elementos que muchas veces escapan de nuestra mente, para escribir como escribimos, pensar como pensamos y describir las cosas desde nuestra propia perspectiva.

Debemos siempre reportar la verdad, buscar los datos y comprobar que estos sean ciertos para luego publicarlos apegados a la más estricta verdad. En cierta ocasión un reportero norteamericano me hizo una entrevista periodística. Entre muchas de las cosas que le dije en esa entrevista dos de ellas saltan a relucir, la primera es que compartí con él, que me había graduado de un Colegio con una Licenciatura, y la otra cosa que le dije durante la entrevista fue una cita de Williams Shakespeare.

Luego de la entrevista, me llamó porque en el colegio donde me había graduado no encontraban mi record de que me había graduado con una Licenciatura, y tuve que aportar mayor cantidad de datos al redactor para que pudieran encontrar mis records. La cita, la busco y antes de publicar la entrevista me envió por correo electrónico copia previa a la publicación del reportaje para ver si lo que él había escrito era lo que yo le había comunicado.

Por qué digo todo esto. La Junta Central Electoral como organismo con poderes plenipotenciario, no va a convocar a la prensa nacional e internacional para que estos recorran la justa y puedan comprobar, por ellos mismos, la transparencia en el conteo de los votos en el certamen pasado.

Así, que los periodistas que reciben dinero del gobierno pueden seguir diciendo en los medios de comunicación que el PLD ganó por una mayoría de voto de un 62% pero no le voy a creer porque nadie fuera de esa Junta ha comprobado la veracidad de tal información. Sería muy ingenuo para un periodista experimentado creer todo lo que le dicen, sin comprobar los datos.

Tampoco digo que me crean a mí, usted puede pensar libremente lo que desee. Pero mientras no se compruebe lo contrario, seguiré pensando que las elecciones fueron, y seguirán siendo un perfecto fraude electoral.

Y corregir ese problema en la Junta Central Electoral, será tan difícil como exigirle al gobierno que haga justicia en el caso de Gregorio García Castro, o en el caso del profesor desaparecido, Narcisazo y Guido Gil Díaz. O en donde quemaron y están los restos de Caamaño.

No existe la buena fe para aclarar estos entuertos de la historia dominicana. No solo esto sino que llevamos una herencia corrupta entre los hombros que no será fácil deshacer de nuestro sistema de gobierno y de justicia que impera en la Republica Dominicana.

Todos estamos obligados a decir que las elecciones las ganó el Honorable Señor Presidente de la Republica Dominicana el Lic. Danilo Medina, y cuidado quien dice lo contrario. Como soy descuidado, digo lo que mi razón me indica. Las elecciones la ganó Danilo Medina en el conteo antojadizo de la Junta Central Electoral, hasta que no se me compruebe lo contrario, sigo siendo como Santo Tomás, necesito ver, para creer.

Y el medio de comunicación social que se respete, debe contar con periodistas honestos, que respeten a sus lectores y se respete a sí mismo, para ser como Tomás, comprobar los datos, antes de publicarlos y afirmar la veracidad de los hechos.

Por Rey Diaz

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